Publicado el: Mar, Oct 31st, 2017

Opinión: Por más de mil razones, la vida – José D. Moros Manzo

POR MÁS DE MIL RAZONES, LA VIDA

Un terremoto y mil sonrisas

En el reciente terremoto del 19 de septiembre que asoló a Ciudad de México hubo varios edificios caídos, entre ellos uno en las inmediaciones de Colonia Portales, con apenas un año de haber sido construido. Debido a que era un edificio muy nuevo y sin embargo se derrumbó, la fiscalía mexicana lo sometió inmediatamente a una exhaustiva investigación y determinó que la construcción había sido efectuada con materiales de inferior calidad y sus características constructivas no estaban apegadas al proyecto original, por lo que un tribunal dictó auto de detención a los constructores. Esta fue una razón que se observó frecuentemente en las inspecciones efectuadas a posteriori, situación que pudo haberse evitado si hubiese habido la atención y los escrúpulos necesarios tanto en los constructores como en los encargados de las inspecciones durante las obras quienes ahora tendrán que someter a revisión a más de seiscientos edificios que quedaron con daños importantes.

En Venezuela tenemos normas sismorresistentes desde el año 1967, las cuales se tornaron más estrictas en el año 2001 y cuya implementación es de carácter obligatorio en todo tipo de edificación. Está de los funcionarios controladores velar porque las mismas se cumplan por parte de los proyectistas y de los constructores. Además, no hay razón en este país de tener deficiencias en las obras de construcción puesto que acá se fabrican materiales de primera calidad que, para que salgan al mercado, pasan primero por estándares que deben cumplir. Por ello, las pocas deficiencias que se han encontrado no se refieren generalmente a falta de calidad, sino más bien al uso del material en cantidades insuficientes, de allí la importancia de la labor de la ingeniería de supervisión de proyectos y la ingeniería de inspección técnica, dos figuras que no deben faltar bajo ningún concepto en toda construcción de obras.

Este país ha gozado siempre de excelentes empresas de construcción a través de su historia moderna y contemporánea, producto de la buena praxis que nos fue transmitida por la inmigración europea de los años ’50 y que nosotros hemos sabido mantener y mejorar, por lo que son muy contados los casos de derrumbes de edificaciones tanto durante la construcción como una vez ejecutadas, agregándole la calidad de los proyectos. En otros países de nuestra América, he tenido la oportunidad de participar en inspecciones posteriores a estos colapsos y he constatado la presencia de mala praxis más que otras causas, una situación que se observa muy poco acá en nuestro país.

El ingeniero venezolano tiene mística y ética, valores comprobados a través de los resultados de su ejercicio con la existencia estable de edificaciones a través del tiempo en todas nuestras ciudades, sometidas a sismos importantes como el de Caracas, que duró 35 segundos y solo causó seis lamentables colapsos de edificios, a pesar de una incipiente normativa antisísmica.

Muy poco se ha visto en nuestro país, pero sería verdaderamente una temeridad que algún ingeniero con responsabilidades de constructor o de supervisión de proyectos durante la obra o de inspección de obras se descuidara o se prestara para alguna componenda para permitir el uso de materiales reñidos con el proyecto o inadecuados, o rebajar las dosis estipuladas, o dejar de hacer actividades necesarias. No es difícil detectar alguno de estos vicios luego de un derrumbe, pero lo importante no es eso pues ya el mal estaría hecho. Lo importante es evitar la pérdida de vidas humanas lo cual se pudo haber hecho fácilmente en la mayoría de los treinta y cinco edificios derrumbados en Ciudad de México en este último sismo, simplemente con el cumplimiento de las normas existentes.

Fuente: josedurabiomorosblogspot.com

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