Publicado el: Sab, Ago 6th, 2016

Andrés Oppenheimer: Se acaba el tiempo en Venezuela

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“Si Maduro no es presionado para realizar el RR este año, será demasiado tarde”

“Se acaba el tiempo en Venezuela”, fue el título de la columna del periodista Andrés Oppenheimer, publicada en el diario El Nuevo Herald, en la que asegura que la visita de John Kerry a Sudamérica sería una buena oportunidad para reunirse con los presidentes de Brasil, Argentina y Paraguay y tratar el tema de Venezuela.

Para Oppenheimer, “Venezuela se está convirtiendo rápidamente en una dictadura cívico-militar con una creciente crisis humanitaria”, por lo que un informante del columnista afirma que el país estará en la agenda de discusiones.

“Si Maduro no es presionado por sus vecinos en las próximas dos semanas para que permita realizar el referendo revocatorio este año, será demasiado tarde, y se habrán agotado los caminos para una resolución pacífica de la crisis venezolana. El mensaje de Kerry debería ser que queda muy poco tiempo para evitar una catástrofe mayor en Venezuela”, finaliza Oppenheimer su artículo.

El viaje del secretario de Estado John Kerry a Sudamérica fue planeado para que asista a la inauguración de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, pero será una excelente oportunidad para que se reúna con los presidentes de Brasil, Argentina y Paraguay para hablar sobre la creciente crisis humanitaria en Venezuela.

Kerry hará mucho más que mirar los fuegos artificiales en Río. El secretario de Estado se reunirá allí con varios jefes de estado, y visitará también Paraguay y Argentina antes de regresar a Washington. Según me dijo un alto funcionario estadounidense: “Venezuela estará ciertamente en la agenda de las discusiones”.

Sea o no sea una coincidencia, Paraguay, Argentina y Brasil fueron los países que –en ese orden–anunciaron en días recientes su oposición a que Venezuela asumiera la presidencia rotativa del Mercosur, señalando que Venezuela no ha cumplido con los compromisos democráticos del grupo.

El bloque del Mercosur tiene una presidencia rotativa que cambia cada seis meses, y que fue ocupada por Uruguay hasta el 30 de julio. La democión de Venezuela –incluso después de que el país se proclamara unilateralmente presidente del bloque– fue una de las derrotas diplomáticas más vergonzosas para Venezuela en los últimos tiempos.

Entretanto, Venezuela se está convirtiendo rápidamente en una dictadura cívico-militar con una creciente crisis humanitaria. Se estima que la economía de Venezuela caerá un 10 por ciento este año. Según los pronósticos más optimistas, la inflación será del 500 por ciento este año –la mas alta del mundo– y del 1,700 por ciento el año próximo. Los estantes de los supermercados están semi-vacíos, hay escasez de medicinas esenciales.

El presidente Nicolás Maduro ha colocado a militares a cargo de la mayor parte del gobierno para evitar un caos aun mayor, y firmó un decreto estilo cubano que permite al gobierno reclutar a la fuerza a los venezolanos para que trabajen en el campo. Amnistía Internacional, el grupo defensor de los derechos humanos, ha descrito la medida como “equivalente al trabajo forzado”.

Mientras la violencia callejera alcanza récords sin precedentes, y Venezuela se hunde en el caos, Maduro y sus jefes militares parecen estar cerrando todas las avenidas para una normalización política y económica.

A pesar de la victoria abrumadora de la oposición en las elecciones legislativas del 6 de diciembre que le dio el control absoluto de la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia controlado por Maduro ha bloqueado ilegalmente casi todas las leyes aprobadas por la Asamblea Nacional.

Y a pesar del hecho de que más del 70 por ciento de los venezolanos quieren que Maduro abandone su cargo a través de un referendo revocatorio que está permitido por la Constitución, el gobierno está poniendo todo tipo de obstáculos.

Maduro está usando tácticas dilatorias para posponer el referendo revocatorio hasta el año próximo, cuando –bajo la Constitución– no habría una elección general para reemplazarlo. Según la ley, si el revocatorio se celebrara después de la mitad del mandato de Maduro, el 10 de enero del 2017, y se decidiera revocarlo, sería reemplazado por su vicepresidente, que gobernaría hasta el final de su mandato en 2019.

El Consejo Nacional Electoral, también controlado por Maduro, exige que la oposición reúna en un plazo de tres días 4 millones de firmas pidiendo el referendo revocatorio, pero está dilatando la decisión sobre la fecha para el voto, y postergando la habilitación de las máquinas de votación. A menos que Maduro deje de sabotear el proceso, será muy difícil que se pueda realizar el referendo revocatorio este año.

Mi opinión: Cuando Kerry se reúna con los presidentes de Brasil, Argentina y Paraguay, debería tratar de convencerlos de que suspendan a Venezuela de Mercosur y de Unasur, a menos que Maduro permita el revocatorio antes del 10 de enero del 2017.

Si Maduro no es presionado por sus vecinos en las próximas dos semanas para que permita realizar el referendo revocatorio este año, será demasiado tarde, y se habrán agotado los caminos para una resolución pacífica de la crisis venezolana. El mensaje de Kerry debería ser que queda muy poco tiempo para evitar una catástrofe mayor en Venezuela.

Fuente: El Nuevo Herald

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