Published On: vie, Dic 28th, 2012

Pacto político emergente

Fernando Facchin B.

 

Después del derrumbe electoral del 16D, muestra del proceso de descomposición política por el vaciamiento ideológico de los partidos, inclusive aquellos con otrora sólida implantación en la clase obrera y las luchas democráticas, donde la  reflexión colectiva no existe, o por lo menos no lo han hecho en consonancia con el reclamo social, con las demandas populares; así llegamos al 2013, sin una base política sólida para luchar frente a un chavismo que naufraga en las formas más penosas del cretinismo legalista ante la incertidumbre presidencial y una infraestructura de poder diseñada para matar la democracia, por ello se hace imprescindible la formulación de un pacto político emergente, donde la ciudadanía tenga participación activa para realizar un análisis exhaustivo sobre nuestra realidad actual, tomando en cuenta que los ciudadanos somos agentes necesarios para la creación de un nuevo paradigma político que llene las expectativas de la sociedad del futuro.O nos avocamos a una nueva cultura política o vamos hacia el abismo y el caos de la dictadura eterna. 

En Venezuela se ha consolidado una clase política inescrupulosa, amoral, con una  vocación autoritaria, que amenaza seriamente a la república por estar desprovista de contrapesos, formas de fiscalización y control, que desconoce de modo constante y grosero a la institucionalidad del  estado de derecho y a la sociedad civil que le adversa. Estas prácticas autoritarias han creado un ambiente donde predomina la incultura de la imposición, la discriminación por encima del diálogo y el atropello a la ciudadanía, razón por la cual hoy más que nunca se impone una voluntad política activa y decidida a detener el retroceso democrático y la aniquilación de la dignidad ciudadana. 

Para lograr un pacto efectivo y no efectista, es necesario deponer las actitudes divisionistas y de fragmentación, causa del desinterés en amplios sectores populares. Las fuerzas políticas, sociales y económicas, sin perder ninguna su independencia, su identidad ideológica ni sus principios, serían mucho más fuertes e influyentes si fueran capaces de unirse, si se pusieran de acuerdo sobre las cosas importantes que hay que hacer ahora para defender al país y dejar las discrepancias sobre otros temas para más adelante. 

“…y la verdad es que nosotros no podemos pensar, en estos momentos precisos, en organizar una acción violenta que venga de los cuarteles a la calle, porque la inmensa mayoría de los oficiales afectos a las ideas democráticas han sido dados de baja, o no tienen mando de tropas, o están en la cárcel o el destierro, o traicionados por el tirano. Si no es posible organizar una acción de este tipo, no nos queda como posible sino la acción popular de masas, constante, valiente, perseverante. Esa acción debe ser conducida hacia una encrucijada en que ya no sea tolerable por el país la existencia de un régimen de usurpación, y la cólera popular se exprese en forma tan avasallante que ya no puedan detenerla las bayonetas”.  Rómulo Betancourt. 1954. Feliz año 2013. 

ffacchinb@gmail.com

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