Published On: vie, May 11th, 2018

Panampost: Venezuela: la ingenuidad de quienes insisten en votar


Cómo no sería cándido suponer que un régimen convertido en narcoestado cedería en unas urnas

En su magnum opus, Vida de los doce césares, Suetonio asegura que durante el «gran incendio de Roma» (año 64) el emperador Nerón tocaba la lira. Cantaba y componía, mientras la ciudad ardía, para eludir la responsabilidad del momento. Por más que luego prestase su propio palacio a los refugiados, el mito de la lira trascendió como una muestra imprudente de ingenuidad e irrespeto. De negación de la realidad.

Algo similar estaría ocurriendo en Venezuela. Millones que tocan la lira y compondrán, para sortear la cruenta realidad que, al final, siempre termina imponiéndose. Y de la manera más odiosa.

En Venezuela existe una dictadura; y esto, aunque se denuncie al unísono, se busca ocultar. No es un sistema reciente. Desde hace años en el país no hay, si quiera, cierto vestigio de democracia. Pero la ruptura definitiva de la decadente República se dio a finales de 2016, cuando el régimen chavista decidió suspender el referendo revocatorio y, con ello, dinamitar el último mecanismo electoral e institucional para lograr el cambio del Ejecutivo.

El régimen dictatorial se fue desarrollando con la conquista de parcelas de poder. Arbitrariedades atroces enfocadas en desmantelar por completo el aparataje ya caducado. Durante los primeros meses del 2017 anularon al Parlamento; aplastaron a la disidencia y extendieron el régimen de terror y acoso. Luego, a mitad de año, impusieron un armatoste con el que cambiaron por completo las reglas del juego. Alteraron todo el panorama.

La Asamblea Nacional Constituyente llegó empañada de sangre para consolidar la etapa final del régimen. De la dictadura se pasó al totalitarismo. Con el ilegal armatoste, que implantaron con el mayor fraude electoral de la historia contemporánea de Venezuela —se debe recordar que la misma empresa Smartmatic denunció que las cifras pueden ser manipuladas con facilidad—, el régimen logró secuestrar cada espacio político e institucional del país. Desde entonces todo lo que pretenda sobrevivir como parte del sistema, debe arrodillarse ante la infamia.

Es en medio de esta coyuntura que, a través de esa misma ilegal Constituyente, se ha convocado otro presunto proceso electoral. El de las presidenciales. Y algunos, nerones todos, piensan votar. Participar en la segunda mayor estafa de la historia contemporánea, luego de la del 30 de julio.

Insistir en la posibilidad de restituir un régimen democrático a través de mecanismos democráticos es, pues, un contrasentido. Demagogia irracional para impulsar pactos e intereses políticos. Si se trata de una dictadura, lo natural es que esta no pudiera dejar de serlo, sino con la interrupción definitiva del proceso. Si llegase a sucumbir por mecanismos democráticos, quizá se erró al llamar dictadura al sistema.

Y hay quienes intentan sostener ingenuas posturas, citando distorsiones de eventos históricos. Se dice que Pinochet dejó el poder porque las gentes así lo quisieron en el plebiscito de 1988. Pero se obvia, con conveniencia, que documentos desclasificados develaron que el dictador tenía intenciones de desconocer los resultados y que fueron los militares quienes acordaron lo que debía ocurrir. Hay otros ejemplos históricos que se citan. Todos, distorsiones. Que si Stroessner en Paraguay u Odría en Perú.

Fuente:panampost.com

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