La estatal Petróleos de Venezuela volvió a los titulares y no por buenas razones. El pasado domingo, 6 de noviembre, una fuga de crudo en un oleoducto de 36 pulgadas contaminó el pequeño río de Aribi, ubicado al sur del estado Anzoátegui y cuyas aguas desembocan en el Orinoco. Tras ser el segundo accidente de la compañía en apenas una semana, se prenden todas las alarmas para los especialistas ¿Está trabajando de forma segura la empresa más importante del país?

Apenas el sábado 28 de octubre Pdvsa ya había registrado un accidente en Anzoátegui. Un incendio se produjo en el complejo refinador en el cerro de carga de Guaraguao. Aunque la estatal hizo llamados a la calma a través de su cuenta de Twitter e informó que no se registraron ni daños ni heridos, los residentes de la zona vivieron momentos de angustia.

Una semana después, no fue un incendio, sino un derrame de petróleo lo que hizo dudar a los especialistas sobre la operatividad de la estatal. “Las condiciones en las que está trabajando Pdvsa no son las correctas”, aseguró el biólogo y ambientalista, Alejandro Álvarez Iragorry.

Indicó que los hechos ocurrieron en el municipio Monagas del estado Anzoátegui, que a pesar de ser grande, es uno de los menos poblados de la entidad. “Tiene pequeños poblados con mucha distancia entre sí. El peso que tiene Pdvsa en la zona es muy fuerte”, dijo.

De acuerdo con la información anunciada por la petrolera a través de su cuenta de Twitter, la tubería rota va desde San Diego de Cabrutica al Complejo Industrial José Antonio Anzoátegui. Sin embargo, la compañía no precisó la cantidad de crudo derramado en la zona, lo que hace difícil para los especialistas determinar el impacto del accidente.

“El efecto de manera inmediata es sobre la personas que habitan en el sitio. Hay gente que vive de la pesca o que usa agua del río para dar de beber a su ganado“, apuntó Álvarez Iragorry. Juan Vielma, coordinador de gestiones ambientales, coincide en la gravedad del impacto sobre quienes dependen de la actividad agropecuaria en la zona.

“Hay muchas comunidades que dependen de la pesca y de la agricultura y esto las va a afectar económicamente”, señaló. Advirtió que, dependiendo de la cantidad de crudo derramado, el accidente alterará las condiciones del río, como su ph. “La flora y la fauna pueden perecer. Es un daño irreversible y es difícil que vuelva a sus condiciones iniciales”, dijo.

Aunque Pdvsa anunció la ejecución de un plan coordinado a través de ocho puntos de control, se pudo conocer que el crudo ha avanzado con la corriente del río Aribi. Hasta los momentos, no se ha visto impacto del derrame en el Orinoco; pero los especialistas no descartan que el río más grande del país se vea alterado por el accidente.

El próximo paso para la estatal, indicó Vielma, es concientizar a la población sobre lo ocurrido y minimizar los daños. “Le corresponde hacer reparaciones en cuanto al agua y a la regeneración de la fauna. El Ministerio del Ambiente (Ecosocialismo y Aguas) será el que determine cuáles fueron los daños y qué le toca hacer a Pdvsa“, explicó.

El derrame registrado el pasado domingo, 6 de noviembre, no es el único que se ha producido en las últimas semanas. En octubre fue denunciado un derrame en el río Tabasca, estado Monagas. Meses atrás, en junio de este año, denunciaron otro derrame en el Lago de Maracaibo, Zulia.

No obstante, el derrame en el Complejo Operacional Jusepín, de la ciudad de Maturín, que ocurrió en 2012, sigue siendo uno de los más graves. El accidente dejó como resultado la contaminación del río Guarapiche.

“Este tipo de hechos ocurren por fallas operativas y más que todo por la falta de educación del personal en cuanto a las operaciones. Hay que hacer todo con calidad, y con esto se ve que Pdvsa opera sin ningún tipo de control”, aseguró Vielma.

Para Álvarez Iragorry, el siniestro del pasado domingo enciende todas las alarmas y pone bajo la lupa a Pdvsa y todas sus operaciones. “Pdvsa trabaja sin criterio y sin el máximo de seguridad requerida”, advirtió, “cuando pasan estos accidentes tan seguidos, es un signo de que pueden venir accidentes mucho peores. Puede ser una catástrofe ambiental o uno que cobre vidas humanas”.

Fuente: Efecto Cocuyo