Publicado el: Lun, Jul 18th, 2016

En pocas palabras: Saqueadores

Importaciones Venezuela may
Ramón Peña

En el ramo de alimentos, en los años 2013 y 2014, la sobrefacturación llegaría a ser superior al 100% del valor real de las importaciones.
Caracas, 18/7/2016

La investigación de un equipo de calificados economistas venezolanos (Miguel Ángel Santos, Sebastián Bustos y Gustavo Baquero), publicada esta semana en el portal Prodavinci, revela que en las importaciones realizadas por Venezuela, entre 2005 y 2014, la sobrefacturación montaría a 66.700 millones de dólares. Esta cifra se deriva del contraste entre el valor (FOB) de importaciones que reporta Venezuela, y el valor (FOB) que registran los países exportadores. En el mismo estudio se observa cómo en el ramo de alimentos, en los años 2013 y 2014, la sobrefacturación llegaría a ser superior al 100% del valor real de las importaciones. Recuérdese que desde hace años el régimen chavista adjudica contratos de importación de alimentos de manera directa, sin licitación.

En un país regido por la Justicia, mucho menos que esto sería noticia criminis, suficiente para provocar la acción de la vindicta publica. La cifra en cuestión es verdaderamente escandalosa: equivale a 30 meses de exportación petrolera venezolana al precio y volumen actuales. Invertida en alimentos y medicinas los venezolanos no habrían conocido la tragedia que hoy los agobia. Los responsables de este latrocinio deben responder por escasez, desnutrición y daños morales y materiales colectivos. ¿Entre cuántos y cuáles bolsillos se repartió semejante botín? Algún día se conocerá y, si se tiene la voluntad, mucho se podrá recuperar. No será difícil identificar a los responsables y sus cómplices. Aparecerán nombres, montos y escondrijos, financieros y físicos. Hoy vemos cómo en la Argentina la justicia rastrea el llamado Dinero K, gestionado durante el régimen de la también revolucionaria familia presidencial. Aunque obscenas las fechorías en aquel país, infinitamente menores en cuantía al saqueo que deja como huella ignominiosa el Socialismo del SXXI.

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