Publicado el: Lun, Ago 26th, 2013

¿Que pasa en la revoluciòn bolivariana?

Caudillismo y anarquía, la revolución bolivariana está basada en la francesa

La Democracia Participativa —sistema de gobierno promovido por el chavismo y que en América Latina ha establecido sus cabeceras de playa en Venezuela, Ecuador y Bolivia— descansa sobre el concepto de que las constituciones, con sus incómodas restricciones institucionales, deben ser modificadas o ignoradas sí estas colocan límites a la denominada “Revolución Popular”.

Es una ideología que calza como anillo al dedo a las aspiraciones de permanencia indefinida en el poder del caudillismo latinoamericano y que suele dejar de lado conceptos democráticos básicos como la separación de poderes y la protección de las minorías para instaurar un régimen en permanente estado de transformación que atienda los anhelos de la mayoría.

“Esto es revolucionario. Es el pueblo en la calle. Es la Revolución Francesa”, sintetizó Guillermo Lousteau Heguy, presidente del Interamerican Institute for Democracy, quien ha estado analizando detenidamente las corrientes de pensamiento detrás del Socialismo del Siglo XXI.

Es la revolución en la calle porque en esencia es un movimiento anticonstitucionalista. Es decir, pretende instaurar un modelo donde las reglas de juego están en permanente evolución para amoldarse a los cambiantes deseos y requerimientos de la mayoría.

Esta revolución está siendo acompañada por la narrativa de que las instituciones democráticas planteadas bajo el modelo de Democracia Representativa originado en Estados Unidos y replicado en América Latina han sido secuestrados por las élites para subyugar al resto de la población, explicó Lousteau.

Según el profesor, existe alguna validez en esta queja. En particular, cuando se analizan las estrechas vinculaciones entre el dinero y el ejercicio de la política.

Pero el remedio recetado por los arquitectos del Socialismo del Siglo XXI, que ha quedado plasmado en el denominado Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano, no es otra cosa que un replanteamiento de los anárquicos conceptos esgrimidos durante la Revolución Francesa.

Es un peligroso camino que en el caso de Francia tuvo un desenlace muy malo.

“La Revolución Francesa tiene una gran fama, tiene una gran aureola, todo el mundo habla la Revolución Francesa. Pero fue un enorme fracaso. Duró pocos meses y terminó en Napoleón, terminó en el terror, y no dio resultados”, comentó Lousteau.

“El problema de la Revolución Francesa fue precisamente creer que no había límites al poder popular, y que en consecuencia, la revolución era permanente, por eso fue cambiando y por eso se cayeron todas las revoluciones”, agregó.

En contraste, la Revolución Americana, que sí le puso limites a las mayorías, lleva más de 200 años en ejercicio ininterrumpido, en lo que es visto como uno de los experimentos políticos más exitosos de la humanidad, aunque no ha estado exento de fallas y problemas.

LIMITES CONSTITUCIONALES

Estos límites, establecidos en la Constitución, son ejecutados a través de la separación de poderes y, en especial, a través del concepto estadounidense del Judicial Review (o Revisión Judicial), en el que nueve magistrados no colocados en sus cargos por voto popular tienen el poder de decirles a los representantes del pueblo, electos popularmente al Congreso: “esto que ustedes proponen no puede hacerse porque es inconstitucional”.

“El constitucionalismo americano fue, por decisión, ‘contramayoritario’ y creó instituciones adecuadas para salvaguardar de la mayoría a los derechos de las minorías, de una mayoría —que siempre es circunstancial. De allí el principio de la limitación del gobierno”, explicó Lousteau.

La Constitución es la piedra angular sobre la cual descansa toda la estructura y su mandato es supremo bajo el modelo aplicado en Estados Unidos.

Los arquitectos del Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano —quienes curiosamente se tratan de catedráticos españoles de la Universidad de Valencia— no están de acuerdo.

“Ellos lo que dicen, es que todos estos poderes constituidos son poderes creados por las élites, para subyugar a las mayorías. Dicen que se trata de un artificio creado por las élites para que la mayoría esté limitada”, comentó Lousteau.

“Ellos no creen en ninguna limitación al gobierno. No creen en la independencia del poder judicial, porque todo eso va contra las mayorías. Y la Constitución puede cambiar las veces que sea necesario porque la Revolución es permanente”, agregó.

Los máximos exponente del Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano son integrantes del Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), organización que dice estar “dedicada a la producción de pensamiento crítico y al trabajo cultural e intelectual para fomentar consensos de izquierdas”.

Integrantes del CESP asesoraron al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez en la elaboración de la constitución de Venezuela, pero su mayor logró se produjo en la reformas constitucionales de Ecuador y Bolivia.

Lousteau, quien fue a Valencia para asistir a uno de los foros de la agrupación, dijo que integrantes del CESP alardearon ante la audiencia que ellos habían sido los autores de la Constitución introducidas en Bolivia y Ecuador.

“Ellos dicen, en Venezuela ‘no conseguimos hacer todo lo que queríamos’, porque allí sólo sirvieron de asesores. Pero en Ecuador si la hicieron ellos y en Bolivia si le hicieron ellos. En Venezuela hubo una constituyente que es la que hace la Constitución”, relató.

Pero la Constitución es solo un instrumento utilizado para dar inicio al proceso de cambio, para iniciar la Revolución Permanente, y puede ser cambiada o ignorada tantas veces como sea necesaria para seguir avanzando en el desarrollo del proyecto político.

De hecho, la de Ecuador tenía características tan temporales que el propio presidente ecuatoriano Rafael Correa propuso reformarla al poco tiempo de su aprobación.

“Ellos argumentan que no puede haber ninguna Constitución por encima del poder constituyente originario, que es lo que llaman a cada Asamblea Constituyente”, explicó.

Para poder mantener la legitimidad, la receta del CESP consiste en la constante realización de comicios. “La indicación que le dan a todos los gobiernos es llamen siempre, por cualquier motivo a elecciones, porque la legitimidad viene de una mayoría popular, y la Constitución no importa”.

REMEDIO POLITICO

Y el modelo de Revolución Permanente puede ser aplicado indistintamente de las causas, siendo promovido como una especie de remedio para todos los males políticos y sociales por los que atraviesa el hombre, dijo Lousteau.

“Yo los he escuchado decir, explícitamente: en América hicimos un enfrentamiento de clases, de rico contra pobres en Venezuela, un enfrentamiento de indígenas contra blancos en Bolivia y en Ecuador, y en España el enfrentamiento es generacional”, relató Lousteau sobre lo que escuchó en el foro.

Es generacional, “porque los que no tienen trabajo son los jóvenes mientras que los viejos están peleando, y el gobierno nos ayuda es en mantener su seguridad social. En cambio lo que estamos fuera del sistema somos los jóvenes. De modo que acá el enfrentamiento en España tiene que ser generacional”, narró.

La motivación detrás de la revolución, es lo que menos importa, ya sea la lucha de clases en Venezuela o la lucha por las reivindicaciones étnicas en los países andinos, o la lucha por los derechos de los jóvenes frentes a los viejos en España.

Al final, explicó Lousteau, lo que se está haciendo es utilizar el concepto para ejercer nuevamente regimenes de corte populistas, que en America Latina, es un fenómeno muy ligado con el caudillismo.

Para el caudillismo, el uso de las teorías desarrolladas por la agrupación española le es muy útil ya que le brinda un modelo bajo el cual les permite cómodamente operar.

“El caudillismo requiere de concentración de poder, de manera que la separación del poder no le sirve. El caudillismo también es fundacional. Es decir, como vienen a realizar grandes cambios, a modificar toda la vida de un país, tiene necesidad de quedarse”, explicó el profesor.

“Por eso, lo primero que hacen cuando llegan, lo primero que hacen es concentrar sus esfuerzos en ver cómo me consolido”, agregó.

Esa consolidación en América Latina significó la convocación de las Asambleas Constituyentes, que posteriormente reformaron las constituciones, y el gradual desmantelamiento de las instituciones democráticas para luego dar pie a un proceso de concentración de poderes.

“Y tercero, como tienen necesidad de legitimarse. Tiene un relato, una narración, una explicación propia de la historia reciente, que es totalmente arbitraria, pero que sirve de justificación para proceder a cambiarlo todo. Es allí donde nace la necesidad de declarar a la prensa como enemigo, porque es el principal obstáculo para construir toda esta fábula”, sostuvo.

El Nuevo Herald/Antonio María Delgado

 

 

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