Publicado el: Dom, Ene 22nd, 2017

Rajoy ordena a sus ministros reconocer los errores para «frenar las crisis»

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Los tropiezos de De la Serna, Nadal y Montserrat «estrenan» la nueva estrategia de comunicación

El 28 de octubre de 2014 fue la última vez que Mariano Rajoy pidió disculpas a los españoles por un asunto grave: la corrupción. Llevaba tres años en el poder con mayoría absoluta, pero el estallido del caso Bárcenas obligó a tocar a rebato en Moncloa. Ahora, con un Gobierno en minoría y los niveles de exigencia ciudadana cada vez mayores, el presidente del Gobierno no está dispuesto, con el silencio, a «engordar las crisis» que inevitablemente van a surgir durante su segundo mandato.

Los tres «incendios» (ola de frío, copago y precio de la luz) que ha sufrido su Gabinete desde que tomara posesión han servido, reconocen en su entorno, para poner a prueba la nueva estrategia de comunicación, más humilde y cercana a los problemas de los ciudadanos. «Rajoy tiene claro en esta nueva etapa que la sociedad entiende más una disculpa a tiempo que permanecer en el error, multiplicando los efectos de los errores», apuntan esas fuentes. Esa manera de entender el poder no es ajena además a la necesidad de evitar frentes con PSOE y Ciudadanos, los dos partidos prioritarios para negociar los Presupuestos. Uno de los gestos que mejor sabor de boca han dejado en el Ejecutivo ha sido el de la ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, pidiendo disculpas con efectos retroactivos por la gestión del Yak-42. El «efecto Cospedal» ha cundido en el Gobierno.

El temporal
La gestión del temporal ha sido el último episodio que ha obligado a pedir perdón a un ministro de Rajoy. Íñigo de la Serna, titular de Fomento, se enfrentó anteayer a las críticas que arreciaron entre el jueves y el viernes por el caos que el frío polar generó en alguna de las infraestructuras más importantes de España, entre ellas el corte de la A-3 que comunica Madrid con Valencia, que operó como una ratonera para cientos de viajeros que tuvieron que pasar la noche en sus vehículos. Aunque De la Serna atribuyó la situación al volumen de las nevadas que no se registraban desde hace 30 años, lo cierto es que no tardó en asumir la responsabilidad.

Desde primera hora de la mañana, y sin haber dormido, atendió a varias radios para dar explicaciones que se convirtieron en una petición de disculpas «en nombre del Gobierno» durante la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. Uno de sus compañeros en el Ejecutivo justificaba «la necesidad de dar la cara ante los ciudadanos para que entiendan las razones por las que a veces las cosas no salen bien». Tanto es así, que Rajoy pidió al ministro que hablara con los presidentes afectados de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, ambos del PSOE, para coordinar la actuación. Quizá esos contactos amortiguaron las críticas que en otras ocasiones hubiera provocado una alarma como esta.

La casualidad ha hecho que tres de los debutantes ministros de Rajoy, que gozan además de una buena imagen, hayan afrontado su primera prueba de fuego en el Gobierno envueltos en la polémica. Además del exalcalde de Santander, también los titulares de Sanidad, Dolors Montserrat, y de Energía y Turismo, Álvaro Nadal, se han visto obligados a achicar agua en los primeros días de mandato.

En los tres casos, la directriz de Moncloa ha sido coger el toro por los cuernos. A finales del pasado año, Montserrat tuvo que recoger velas tras desatar una tormenta política cuando anuncio, primero en una entrevista en ABC y después en una radio catalana, que el Gobierno se replantearía cambiar los tramos en el copago de medicamentos de los pensionistas para que abonaran más los que más ingresos tienen. Las críticas de la oposición aconsejaron a Rajoy frenar en seco un proyecto que los técnicos había comenzado a estudiar. El presidente prefirió recular y cerrar en falso esta polémica, lo que obligó a la ministra a lamentar no haberse explicado mejor.

Una de las políticas más sensibles para el Gobierno es la energética. Por ello, reconocen en Moncloa, la subida de los precios eléctricos en plena ola de frío «suponía un coste de imagen importante que obligó al ministro a intervenir». De hecho, Álvaro Nadal acaparó todas las portadas hace una semana para neutralizar la indignación ciudadana. Para ello, se comprometió a exigir a las principales empresas gasistas que presenten ofertas para lograr precios más competitivos y reducir así el coste de la electricidad en el mercado mayorista. «El Gobierno no podía permitir un frente que tiene en los consumidores con menos recursos sus principales víctimas. A partir de ahora, esa será la constante: asumir lo hecho y no mirar hacia otro lado», reconocen en el Ejecutivo.

abc.es

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