Publicado el: Vie, Ago 15th, 2014

Roto el cerco yihadista en Irak

-Obama anuncia que EE UU ha roto el cerco yihadista a la minoría yazidí en Irak
-El “éxito” de los bombardeos y la ayuda humanitaria hacen innecesaria la arriesgada operación de rescate que la Casa Blanca contemplaba.

 

El presidente Barack Obama anunció el jueves que los bombardeos de Estados Unidos y los esfuerzos de los soldados kurdos sobre el terreno han roto el cerco a la minoría yazidí en las montañas del noroeste de Irak. Miles de yazidíes, aislados desde hace más de una semana en los Montes Sinjar, han podido escapar, lo que por ahora hace innecesaria una intervención internacional para evacuarlos como la que contemplaba Obama.

La intervención aérea para proteger a personal norteamericano destacado en Irak y evitar las matanzas de minorías continuará, dijo el presidente. Lo que se excluye es una arriesgada operación de rescate que habría puesto tropas norteamericanas en Irak y habría supuesto una escalada en la misión de EE UU en este país.

EE UU concluyó que el rescate no era necesario después de una primera incursión, a primera hora del miércoles, de una veintena de miembros de las fuerzas especiales y personal del Gobierno norteamericano en los Montes Sinjar, adonde la semana pasada huyeron los yazidíes perseguidos por los insurgentes suníes del Estado Islámico (EI). El objetivo de este equipo era evaluar las posibilidades de rescatar —por aire o mediante un corredor terrestre— a las miles de personas sitiadas en la montaña.

“La situación en la montaña ha mejorado enormemente y los americanos deberían estar orgullosos de nuestros esfuerzos y del talento y la profesionalidad de nuestros militares y la generosidad de nuestra gente, que rompió el cerco del EI en los Montes Sinjar”, dijo Obama en una declaración a la prensa en la isla de Martha’s Vineyard (Massachusetts), donde pasa las vacaciones.

“Hemos salvado muchas vidas inocentes. Gracias a estos esfuerzos, no esperamos que tenga que haber una operación adicional para evacuar a gente de la montaña y es improbable que haga falta continuar con el lanzamiento aéreo de ayuda humanitaria a la montaña”, añadió el presidente.

La hipótesis de un rescate terrestre o por aire, sugerida por la Casa Blanca al mediodía del miércoles, abrió la posibilidad de un despliegue de tropas en una zona de combate en Irak por primera vez desde la retirada de EE UU de este país en 2011. La Casa Blanca insistió en que las tropas no entrarían en combate, pero la operación de rescate las habría colocado en un terreno peligroso y en riesgo de enfrentarse con los yihadistas.

Obama autorizó hace una semana el inicio de bombardeos contra posiciones del EI en las proximidades de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, y de los Montes Sinjar para romper el cerco a los yazidíes. También ordenó el lanzamiento desde el aire de agua y comida para los civiles refugiados en la montaña. El objetivo de la intervención, hasta ahora únicamente aérea, era doble: impedir la toma de Erbil por parte de los yihadistas y evitar un posible genocidio contra las minorías religiosas del norte de Irak.

Tanto los bombardeos como el lanzamiento de ayuda humanitaria han sido suficientes para lograr el segundo objetivo, según la Administración Obama. “Hay menos yazidíes en los Montes Sinjar de lo que se había temido previamente, en parte por el éxito de los lanzamientos humanitarios aéreos, los ataques aéreos sobre objetivos del EI, los esfuerzos de los peshmerga [las tropas kurdas] y la capacidad de miles de yazidíes de escapar de la montaña cada noche durante los últimos días”, dijo en un comunicado el portavoz de Pentágono, John Kirby.

“Los yazidíes que siguen [en la montaña] están en mejor condición de lo que se había creído y siguen teniendo acceso a la comida y el agua que les hemos lanzado”, añadió.

Unas horas antes, en una rueda de prensa en la isla de Martha’s Vinyeard (Massachusetts), donde veranea el presidente Barack Obama, su consejero Ben Rhodes dijo que el número de yazidíes situados en la montaña podía llegar “hasta las decenas de miles”. “Creemos”, dijo, “que un número que gira en torno a los miles de personas ha sido capaz de escapar de la montaña, pero no de una manera lo bastante segura ni a un lugar lo bastante seguro como para que podamos confiar en que los que se han quedado atrapados puedan escapar”.

“Salimos con lo puesto al llegar los yihadistas”
1.200 huidos de las persecuciones en Irak se alojan en un centro comercial vacío de Erbil

Es una escena propia de cualquier escalera de vecinos. Una mujer con dos niños se cruza con un hombre que regresa de comprar pan y verduras. Pero ésta no es una escalera cualquiera. El saludo de cortesía esconde un drama compartido. Los inquilinos son iraquíes huidos ante el avance del Estado Islámico (EI) que han encontrado refugio en los apartamentos ubicados en las plantas superiores de un centro comercial de Erbil, capital de la provincia autónoma del Kurdistán. El dueño, que no logró que una cadena hotelera explotara los pisos, los ha abierto a los desplazados.

“Salimos en medio de la noche, en cuanto supimos que se acercaba el EI. Sacamos a los niños de la cama, ni siquiera cogimos ropa, no tenemos nada”, declara Elham Said, mientras sujeta de la mano a los dos críos.

Elham, su marido, su suegra y sus cinco hijos llevan cinco días en este lugar. Proceden de Hamdaniya, una localidad mayoritariamente cristiana a 60 kilómetros al oeste de Erbil, donde hace una semana se produjo una estampida. La ONU ha puesto este jueves a Irak en el nivel tres de emergencia (el más alto) debido “al grado y complejidad de la actual catástrofe humanitaria” causada por los avances del EI y su persecución de las minorías religiosas.

“Oímos que [los yihadistas] matan a quienes no se convierten, y ya nos habían bombardeado dos veces, así que no esperamos. Dejamos atrás todo, propiedades, negocios, dinero, ganado”, se suma Amir Gormesh, confirmando el terror que suscita el grupo. “Sólo tenemos lo puesto”, añade indicando su ropa. Es una frase que se repite más veces.

La ONU ha situado el país en el nivel tres de emergencia, el más elevado
Elham, de 40 años, es funcionaria del Ministerio de Educación, aunque no recibe su salario desde que comenzó la ofensiva del EI en junio. Amir, de 53, era conserje en una escuela. Son gente de clase media que vivía con relativo confort. Ahora, se enfrentan al trauma de vivir de la caridad. “No tenemos aire acondicionado y, lo que es peor, hay gente que necesita medicinas y no tiene dinero para comprarlas”, se queja Amir.

Tal es el caso de Luay Hikmat. A sus 54 años, este hombre que antes trabajaba como traductor de inglés y francés, apenas puede articular palabra y no se tiene en pie. “Es diabético, además está hundido psicológicamente”, explica su mujer, Sabriya Elías. Es la segunda huida del matrimonio que, cuatro años después de la caída de Sadam, recibió una carta en su domicilio de Bagdad que les daba 24 horas para irse. En Hamdaniya encontraron seguridad, pero vivían de la ayuda de la iglesia.

Como el resto de los 1.200 alojados en el Nishtiman (Nacional, en kurdo) se pueden considerar afortunados porque la generosidad de Nazar Hanna, el dueño del edificio, les ha facilitado algo más que un techo. Otros miles de desplazados han dormido en parques y edificios en construcción hasta que las autoridades kurdas han empezado a levantar nuevos campamentos para acogerlos. Aunque la mayoría de los acogidos en el centro comercial son cristianos, hay algunas familias musulmanas como la de Abbas Sultan Hamdi, de Qaria al Irash, una aldea cercana a Hamdaniya. “Los chiíes somos objetivo del EI”, asegura este padre de cinco hijos, quien supo de la llegada de los yihadistas cuando vio retirarse al Ejército iraquí.

“Bombardearon antes de avanzar. Destruyeron varios lugares santos, entre ellos el santuario de Zain al Abedin [el cuarto imam de los chiíes]”, denuncia. Los insurgentes suníes ya mataron a dos de sus hermanos durante la violencia sectaria de mediados de la pasada década. “Estamos muy agradecidos porque aquí tenemos seguridad y disponemos de luz y agua”, admite Lubna Yusef Elías que limpia el apartamento 741, donde se aloja junto a otros 12 familiares, incluidos su marido y sus tres hijos.

Esta mujer de 31 años, que trabajaba en la administración del hospital de Hamdaniya, es consciente de lo que ha dejado atrás. Su primo, que no encontró medio de transporte, se quedó allí. “Nos cuenta que no hay tiendas abiertas. El EI les ha dicho que si no se convierten les matarán y violarán a sus mujeres”, afirma haciendo un alto en la limpieza. Cuando le preguntan cuál es su mayor deseo, rompe a llorar. “Volver a casa”, balbucea. Es la esperanza de todos los desplazados.

Al bajar la escalera, un matrimonio y su hija adolescente se turnan para subir un enorme pedazo de hielo hasta el quinto piso. El termómetro marca 45ºC. Abajo, sigue el trajín de los comercios. Pero los nuevos inquilinos no han pasado desapercibidos. Los dueños de algunos negocios les han facilitado comida y agua antes de la llegada de las ONG.

El País

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