Published On: vie, Nov 9th, 2012
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Salvar a Carabobo

Por: FERNANDO FACCHIN B.

“Se puede abandonar a una patria dichosa y triunfante. Pero amenazada, destrozada y oprimida no se le deja nunca; se le salva o se muere por ella.” Robespierre

Comienzo por señalar que mi disentimiento político, expresado en muchas de mis entregas, es producto de un problema político constitucional y no de carácter personal. Mi convicción ciudadana y democrática me obliga a disentir de la reelección y tal convicción no pienso abandonarla. Así las cosas, considero pertinente aclarar algunos puntos.

Los intereses que persigo al expresar mis ideas, se reducen a uno solo: dar mí aporte para que Carabobo mantenga el reducido espacio democrático que tenemos y evitar entregarnos a los enemigos del estado. Tan simple como eso. ¿A quién apoyo? A Henrique F. Salas F., sin declinar mi disidencia. Insisto, no comparto la eternización en el poder, pero considero que la abstención es el peor de los caminos para defender a Carabobo.

No me cabe duda alguna que la sociedad carabobeña, políticamente madura, con amplio sentimiento democrático y que ha vivido el padecimiento rojo antes y ahora, sea propensa a comprar los espejitos y abalorios de las promesas del gobierno y sus amanuenses, ya tenemos experiencia negativa de un gobernador militar. El asunto está en que la bisutería electoral que viene ofreciendo el gobierno nacional es realmente baratísima y a leguas se nota que vende un producto falso, de tal manera que no se ofrece ninguna solución para Carabobo. El chavismo hace gala de la cultura de la simulación y la hipocresía, prefieren pactar con la delincuencia organizada a enfrentarla.
La historia inmediata nos conduce a una dolorosa conclusión política cual es la gravedad que presenta el incremento de la participación militar en cargos que deben ser conducidos por autoridades civiles, como son las gobernaciones. Nuestros tiempos son momentos para reflexionar, hacer historia y reconstruir la memoria nacional, sin dejarnos obnubilar por los soles de oropel. Carabobo no necesita militares, simplemente necesita orden y progreso, empleo e inversiones, desarrollo sostenible y calidad de vida ciudadana, lo cual no es objetivo el chavismo.
El militarismo es una actividad que va más allá de los límites de lo propiamente militar. Sólo busca una supremacía unilateral de las instituciones militares por sobre la jefatura política civil para establecer definitivamente un régimen fuertemente autoritario y una burocracia eficazmente centralizada al servicio presidencial y eso es inaceptable en democracia.
Para ser gobernante, conforme las leyes y la democracia, hay que transitar por el camino de la política pública dentro de las normas que determinan como postularse y ser elegido por la sociedad. Sin dudas ese es el único, verdadero y legal método por el cual los ciudadanos tienen la posibilidad de llegar a un cargo gubernamental dentro de la estructura estatal.
Recuerdo dos frases célebres, Jacques Tati, actor francés (1908-1982) dijo: “El militar es una planta que hay que cuidar con esmero para no dé sus frutos”. De La Boétie, nos dejó este mensaje: “Las tiranías y los gobiernos despóticos se mantienen no tanto por la fuerza, sino por el consentimiento pasivo, cobardía y mentalidad servil de los ciudadanos.”
Es tiempo de inquietud, pero también de esperanza. En nuestras manos está salvar a Carabobo de la tragedia roja, mediante el voto masivo el 16D a favor de la opción contraria a la dictadura militarista, mi voto será por Henrique F. Salas F. y por la tarjeta blanca, abajo y a la derecha.
ffacchinb@gmail.com

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