Published On: Mie, Ene 24th, 2018

Se agitan las calles de Brasil en espera de la ratificación o no, de la condena contra Lula da Silva

 

El destino de Lula se define hoy en Brasil

Una corte brasileña dirá este miércoles si ratifica, en segunda instancia, una condena de nueve años contra el expresidente brasileño.

En las próximas horas, Brasil volverá a ser el centro de atención mundial: más de 300 periodistas, francotiradores en las azoteas, más de 150 cámaras de seguridad y miles de personas apostadas en las calles del estado Río Grande do Soul, hablan de la magnitud del hecho inédito que ocurrirá hoy: el expresidente de la República más popular después del proceso de redemocratización puede ser condenado en segunda instancia a nueve años y medio de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero.

El decisivo juicio definirá no sólo el futuro de Luiz Inácio Lula da Silva, también el rumbo de las elecciones presidenciales de 2018, sin cerrar completamente el ciclo político complejo que se inició con el impeachment a la presidenta Dilma Rousseff.

Para algunos, esto es el fortalecimiento de la democracia; para otros, un retroceso democrático.

Tres férreos jueces de segunda instancia del Tribunal Regional Federal de la 4ª Región (TRF4) decidirán sobre la condena, imputada por el juez Sergio Moro, responsable de la Operación Lava-Jato. Moro consideró que el expresidente Lula, de 72 años, es culpable de haber recibido un apartamento en el balneario paulista de Guarujá a cambio de ser favorecida en contratos de Petrobras.

La sentencia del tribunal abrirá duros debates referentes a su posible prisión y su candidatura referentes a su posible prisión y a su candidatura para las elecciones presidenciales del próximo octubre.

En caso de que el TRF4 ratifique la condena, el exmandatario podrá apelar con recursos en el propio Tribunal Regional Federal 4, en el Superior Tribunal de Justicia (STJ) y en el Supremo Tribunal Federal (STF).

Si Lula es condenado, solo podrá ser apresado cuando todos los recursos en el Tribunal Regional Federal estén agotados. No obstante, lo que muchos quieren saber es si Lula podrá ser candidato a la Presidencia de Brasil, pues a pesar de las acusaciones en su contra, las encuestas lo reconocen como el favorito para ganar, algo que ha desatado la furia de sus opositores.

Por otro lado, existen segmentos de la población brasileña que sueñan con ver a Lula esposado y tras las rejas, lo que sería un final sensacional de la Operación Lava-Jato y consagraría al juez Sérgio Moro como una celebridad en el mundo de los “justos” o mejor de los justicieros brasileños, al mejor estilo de una película de Hollywood.

Sin embargo, pareciera ser que así como el foro privilegiado ha concedido inmunidad a controvertidos representantes del Ejecutivo, del Legislativo, blindando a algunos magistrados, los innumerables recursos y la morosidad de la justicia brasileña podrían favorecer al acusado, lo que permitiría temporalmente su inscripción como candidato.

El lapso para que las candidaturas sean registradas en la Justicia Electoral es del 20 de julio hasta el 15 de agosto.

No obstante, si se considera el carácter de urgencia de la condena de Lula, la justicia podría funcionar con una eficiencia y celeridad nunca vista en la historia del país.

Con una condena prácticamente anticipada, sería imposible visualizar su elección, aunque no carezca de votos. Sin sombra de dudas, es el pre candidato con el más grande capital político en el país. Para muchos el hombre que transformó la historia social del país y combatió el hambre; para otros el sindicalista que se dejó llevar por el tejemaneje del poder, que cayó en las trampas de las corrupción y se volvió rehén de sus aliados temporales, ahora enemigos reales voraces, y para tantos, él y su Partido de los Trabajadores son considerados el mayor mal de Brasil en los últimos tiempos.

En este contexto de incertidumbre sería arriesgado pensar que Lula sea la persona apropiada para liderar este Brasil, que vive uno de sus más desafiantes momentos en su historia democrática.

Con certeza, una vez más el país resistirá en medio de una catarsis nacional. Se debatirán las fortalezas y debilidades del sistema político brasileño, acerca de sus innumerables partidos políticos, sus instituciones, la independencia entre los tres poderes, la urgente necesidad de tener representantes éticos y honestos, y sobre preguntas que ni siquiera fueron formuladas porque lamentablemente en este juego de poder lo que menos ha importado es el país y su gente.

¿Mejor elecciones con o sin Lula? Todo dependerá de cómo Brasil quiere ser recordado, aunque los sueños de un país no quepan en una urna.

Fuente: El Espectador

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