Publicado el: Jue, Dic 29th, 2016

Se estrecha el cerco judicial sobre Cristina Fernández

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Editorial de El Nuevo Herald

El corazón del kirchnerismo acaba de sufrir un estacazo. Uno de los más duros golpes que precipita la rauda caída política y judicial de la ex presidenta de Argentina Cristina Fernández, enjuiciada por corrupción a gran escala en una compleja trama de cohecho.

El procesamiento decretado el miércoles por el juez Julián Ercolini a la viuda de Kirchner por presuntos delitos de asociación ilícita y administración fraudulenta en la adjudicación de obras de construcción pública durante su mandato, supone la más espinosa impugnación moral y penal a su otrora todopoderosa figura, hoy deslustrada por los males que ocasionó a la sociedad argentina, sometiéndola a una flagelante crisis económica.

Los minuciosos argumentos contra ella y otras personalidades de alto rango en su administración se despliegan a lo largo de casi 800 páginas. En ese expediente se describe un supuesto esquema de “beneficios exclusivos” en contratos multimillonarios de infraestructura pública a favor de una empresa propiedad de un allegado al matrimonio Kirchner, en detrimento de las arcas del Estado. La sentencia abre una caja de pandora de escollos legales para Fernández, quien alega, como era de esperar, ser víctima de una maniobra de persecución política emprendida por el gobierno de Mauricio Macri.

La descomunal dimensión del presunto crimen investigado por la justicia argentina lo refleja el embargo decretado contra la ex mandataria, por unos $664 millones, en el procesamiento de Ercolini.

La ironía de esto es que si llegara a comprobarse la sospecha, quedaría en evidencia la gran hipocresía generalizada de los Kirchner, pregoneros de una devoción por ayudar a los más pobres y a los trabajadores, cuando en realidad, las tajadas más suculentas de los recursos del erario se habrían repartido como pan bendito entre burócratas aliados y empresarios amigos.

No es la primera vez que Fernández de Kirchner se da de bruces con el sistema judicial -y quizás no sea la última.

En mayo pasado, un juez la procesó por “administración infiel”, habiendo ella ordenado al Banco Central vender dólares a futuro a mayor precio que el del mercado con miras a perjudicar a Macri. También ha sido investigada por escándalos que incluyen enriquecimiento ilícito y recibir sobornos. Y no olvidemos la causa que llevaba adelante el fiscal especial Alberto Nisman, misteriosamente hallado encima de un charco de sangre en su baño, sobre un presunto pacto para encubrir a los altos cargos iraníes acusados del atentado terrorista contra la mutual judía AMIA en 1994, el mayor ataque antisemita desde la II Guerra Mundial.

Fernández goza de las debidas garantías para su defensa si se llegara a un juicio oral. En el camino, su procesamiento perjudica al kirchnerismo y al peronismo de cara a las elecciones legislativas, y representa una suerte de bendición para el macrismo, movimiento que también atraviesa una escena de crisis.

Combatir la impunidad política en Argentina y en otras vulneradas democracias latinoamericanas cuyos sistemas judiciales a menudo afrontan barreras impuestas por los gobernantes de turno es una vital tarea pendiente. La nación austral ha de no caer en el torpe vicio de pasar por alto el abuso de poder, la corrupción y el atropello a los derechos. Los argentinos aguardan por un veredicto.

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