Publicado el: Dom, Nov 19th, 2017

Sebastián Piñera es el vencedor de la primera vuelta de las elecciones chilenas

Piñera gana la primera vuelta en Chile pero con un margen muy escaso

Guillier, de centro izquierda, entra por poco para disputar una ajustada segunda vuelta.

Sebastián Piñera, el expresidente de centro derecha, es el vencedor de la primera vuelta de las elecciones chilenas. Pero ha logrado mucho menos margen del previsto, lo que abre paso a una segunda vuelta muy ajustada el 17 de diciembre. La noticia se producía en la izquierda, donde el candidato oficialista, Alejandro Guillier, veía con sorpresa como un gran resultado del grupo de izquierda Frente Amplio, Beatriz Sánchez, amenazaba su liderazgo. Finalmente logró pasar por la mínima, menos de dos puntos, a la segunda vuelta. Pero incluso así, el resultado le permite soñar con una victoria si logra unir todos los votos del centro izquierda.

Piñera, que esperaba alcanzar el 45% de los votos, se quedó en un 36% con el 75% de votos escrutados, lo que le perjudica mucho para la segunda vuelta. El golpe venía sobre todo por el buen resultado del derechista José Antonio Kast, un ultraconservador que defiende el legado de Pinochet, y se colocaba casi en el 8%. Pero la suma de ambos se queda muy lejos de ese 51% que Piñera necesita para ser presidente, así que tendrá que arañar votos en otros sectores. La diferencia entre Piñera y Guiller, que las encuestas auguraban por encima de 20 puntos, se quedaba en 14 (36% a 22%).

Los sondeos de las últimas semanas situaban a Guillier muy por debajo de Piñera, casi en la mitad de los votos, pero claramente por encima de la candidata de la izquierda, por lo que el éxito del Frente Amplio era una auténtica sorpresa. El resultado supone una debacle para la política tradicional chilena y en particular para uno de los partidos con más tradición, la Democracia Cristiana, que decidió por primera vez acudir en solitario con su candidata, Carolina Goic, y tuvo una pésimo votación, por debajo del 6%, disputando por muy poco el quinto puesto con el izquerdista Marco Enríquez Ominami. Es difícil que Piñera logre acaparar esos votos de la Democracia Cristiana que siempre han estado alejados de la derecha.

Esta debacle de los partidos tradicionales tenía consecuencias prácticas inmediatas. En la renovación del Parlamento, estaban quedando fuera de sus escaños históricos como Isabel Allende, expresidenta del Partido Socialista, y muchos tradicionales dirigentes democratacristianos.

La posibilidad de que no fuera Guillier sino Sánchez la que pasara a la segunda vuelta frente a Piñera, que se apuntó al principio del recuento, habría supuesto una auténtica debacle para el centro izquierda que ha dominado la política chilena desde la llegada de la democracia y que llegó al Gobierno con Michelle Bachelet hace cuatro años con un apoyo masivo del 62%. Sánchez le ganó a Guillier en la mesa de Santiago en la que votó la propia Bachelet, todo un símbolo. Sin embargo, este voto a la izquierda reivindica de alguna manera las reformas promovidas por Bachelet, a quien habían criticado desde el centro.

En la segunda vuelta, Guillier se verá obligado a hacer un discurso más de izquierda para atraer esos votos del Frente Amplio, y por tanto a prometer reformas progresistas incluso más fuertes que las de Bachelet. Pero a la vez tendrá que intentar evitar una fuga de votos por el centro hacia Piñera. En cualquier caso el Frente Amplio se convierte en un referente clave de la política chilena a partir de esta votación.

La votación tuvo algunos incidentes mayores de lo previsto en el tranquilo Chile, aunque ninguno fue grave y la jornada transcurrió con tranquilidad en medio de un sol primaveral que animaba a la participación. Un grupo de una veintena de miembros de las organizaciones Juventud Rebelde y Ofensiva Secundaria tomaron durante un tiempo la sede central de la campaña de Piñera en el barrio de Las Condes, en Santiago, y fueron desalojados por la policía. Llevaban pancartas que decían “por un Chile rebelde y popular ya no basta con votar”. En La Araucanía, la región donde se multiplican los conflictos con los mapuches, el pueblo originario de esta zona, hubo dos autobuses para trasladar a votantes incendiados, sin víctimas. Los atentados fueron atribuidos a grupos mapuches.

Pero al margen de estas tensiones, que quedaron rápidamente sepultadas por la calma de la jornada electoral, la clave política del día era el combate contra la baja participación. En las presidenciales de 2013 votó el 51%, una cifra que deja a Chile entre los países donde más ha caído la participación. Esta vez, con un electorado muy descontento, el gran objetivo de la izquierda era quedarse lo más cerca posible de esa cifra. Pero se quedaron lejos, alrededor del 47%.

Descontento con Bachelet

La participación está bajando en Chile desde 1993, poco después de la recuperación de la democracia, pero fue en 2012 cuando se dispararon las cifras de abstención, cuando el voto pasó de obligatorio a voluntario. En las municipales de 2016 a las que se refería Correa, apenas participó el 36% de los habilitados.

Según todos los analistas, Piñera debería ser el más beneficiado por una baja participación, ya que son los votantes de centro izquierda los que parecían más decepcionados y dispuestos a no acudir a las urnas tras cuatro años de Gobierno de Bachelet. Además, es en los sectores populares donde menos se vota. Sin embargo, pese a la baja participación, los datos no fueron los que esperaba el expresidente y la segunda vuelta no será ni mucho menos un paseo.

La presidenta se mostró confiada en que con el tiempo se reivindicará su obra y sobre todo que un probable giro político no podrá arrasar con todas sus reformas. “Será el Parlamento y los ciudadanos los que van a defender ese legado. Los ciudadanos me agradecen cada día por las reformas que hemos hecho en educación, en salud, en derechos civiles”, se reivindicó. El resultado electoral que apuntaban los primeros datos no era ni mucho menos bueno para su formación, pero suponía de manera indirecta un aval a su giro a la izquierda en la última etapa.

Fuente: El País

 

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