Publicado el: Dom, Abr 24th, 2016

Siete voces de mujer contra la violencia en Colombia

El documental ‘Mujeres al frente’ muestra a víctimas del conflicto que luchan por la paz


Entrevista a Patricia Guerrero, fundadora de la Ciudad de Mujeres.

Patricia Guerrero, juez y abogada colombiana, emprendió una “resistencia pacífica contra la violencia” en su país. Buscó tierras, construyó casas y se las dio a mujeres víctimas del conflicto. Las enseñó a ser independientes dándoles una profesión, educación y conciencia de qué son los derechos humanos. Así levantó en el municipio de Turbaco, en Bolívar, una ciudad de mujeres en la que impera la ley de la no violencia. Y así lo explica en el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, de la periodista Lula Gómez.

Gómez (1970, Madrid), que “tropezó” con esta historia en uno de sus viajes a Colombia, intentó sin éxito contarla en los periódicos a su vuelta a España. Poco después, topó con otra experiencia que merecía ser contada. La de Luz Marina Bernal, madre del primer falso positivo —civiles asesinados por el Estado acusados de ser miembros de la guerrilla— reconocido como tal. Las ganas de dar voz a estas mujeres llevó a la periodista —“una plumilla, de papel y lápiz”, como ella misma se define— a escribir, producir, dirigir y cofinanciar, con el apoyo de ONU Mujeres, un documental sobre el papel que algunas mujeres han tenido en el proceso de paz y reconciliación de Colombia y sobre el que deberían tener en su sociedad. Mujeres al frente, la ley de las más fuertes se estrenará el próximo 28 de abril en el Festival de Málaga.

La cinta, de 50 minutos, contiene siete entrevistas a colombianas de diferentes edades, estatus social y etnias. Todas comparten sin embargo la misma motivación: están cansadas de la violencia. De experimentarla y comprobar que siempre ellas son quienes más la sufren. “Ver a las mujeres como botín de guerra” es un día a día que todas critican en la cinta.

Mayerlis Angarita asegura que Colombia necesita aprender que no es normal violar o agredir a las mujeres. Para darles la oportunidad de expresar su dolor, creó Narrar para vivir, una organización que reúne a las víctimas femeninas del conflicto para que puedan compartir sus experiencias sin sentir miedo. Al principio, se veían de manera clandestina, en los parques. Hoy, Angarita ha sufrido dos atentados y varias amenazas por rebelarse contra el sistema patriarcal, pero el grupo cobija a más de 800 mujeres.

Como Angarita, la principal contribución del resto de entrevistadas ha sido la de empoderar a las víctimas para que dejen de tolerar abusos. Sin odio ni rencor, comprendiendo que todos son víctimas del conflicto, hasta los que empuñan las armas. “Yo soy de una generación para los que la revolución armada era la opción para luchar por el pueblo”, afirma Vera Grabe, que formó parte del grupo M-19. “Pero finalmente el pueblo es la víctima, y te tienes que replantear eso”. Tras la desmovilización del M-19 a principios de los noventa, Grabe fue elegida senadora por el pueblo y, hoy, dirige el Observatorio para la Paz.

“Fue la entrevista que más me costó conseguir”, recuerda Gómez. Las contactó desde España: a mujeres amenazadas, desde un móvil español y un correo personal, sin ninguna institución que la respaldara para darle fiabilidad. Pero las dificultades no la frenaron: “Tenía claro que tenía delante historias que merecían ser contadas. Estas mujeres podrían ser presidentas. Deberían ser presidentas”, afirma Gómez.

La falta de medios le impidió trasladarse hasta los lugares donde trabajan estas mujeres. “Lo que hice fue traerlas a ellas a Bogotá”, explica. Por eso en el documental no puede verse a estas mujeres en acción, como en la Ciudad de las Mujeres, aunque la fuerza de los testimonios lo suple: “Quiero un país donde todos seamos iguales, sin importar si somos blancos, negros o indios. Donde nuestros hijos puedan sentarse con una niña mestiza en la ruta y no llegue a casa llorando porque no se quisieron sentar a su lado”, afirma Luz Marina Becerra, líder de la Asociación de Afrocolombianos Desplazados, quien denuncia que las colombianas negras sufren una triple discriminación: “Por ser mujeres, negras y pobres”.

Con la ayuda de una amiga, Gómez consiguió un equipo en Colombia para grabar la cinta. “No los conocía. Cuando llegué allí me dijeron: ‘¿Sabes que hay que cortar las entrevistas cada 10 minutos?”. No, no lo sabía. Pero aprendió. Sin experiencia previa en la dirección de documentales ni apoyo gubernamental, la periodista ha conseguido llevar el testimonio de estas mujeres a la pantalla y a la propia Colombia, donde se podrán ver el próximo mayo, en el marco del Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos.

http://cultura.elpais.com/

 

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