Published On: lun, Sep 1st, 2014

Sucedió en Petare

Sucedió en Petare

-Si bien he leído mucho sobre esto antes, no hay mejor cachetada de realidad que el “ver para creer”… y hoy lo vi todo en Petare

Hace un rato salí a comprar algo para comer y en el camino decidí pasar por un Farmatodo para ver si tenía la suerte de conseguir repuestos de afeitadoras (llevo más de dos meses sin conseguirlos), pero nada… “Cuando llegan unos pocos, vuelan inmediatamente” me dijo el cajero.

De vuelta al estacionamiento hice una búsqueda en Twitter intentando dar con alguien que hubiese “tuiteado” algún dato sobre dónde se pudieran encontrar (algo que hago con frecuencia y me ha dado buenos resultados) y me topé con un ‘tweet’ que decía algo como: “En Petare está todo lo que no se consigue en ningún lado. Eso sí, todo está carísimo”. Eso ya lo había escuchado antes pero mi espíritu dominguero me impulsó a ver si era cierto.

Olvidando un poco el “estigma” de Petare, me lancé a la aventura y en menos de quince minutos estaba paseándome lenta y cautelosamente por los alrededores de la caótica “Redoma de Petare” donde hacen vida decenas de comerciantes informales (aka: buhoneros) en sus tarantines.

La densa cola me permitió ver desde el carro todo lo que vendían: frutas, vegetales, zapatos, ropa y para mi sorpresa, todos los productos y marcas que llevo meses sin ver en los anaqueles … Speed Stick, Axe, Harina PAN, Mistolín, Azúcar Montalbán, Mazeite, Pañales, Toallas Húmedas, Pantene… y los repuestos de las afeitadoras. Lo tienen TODO…y verlo me generaba la misma nostalgia que sienten los expatriados por el queso guayanés.

Mi necesidad de entender cómo era esto posible me llevó a orillarme un poco, bajar el vidrio y preguntarle a una señora que estaba esperando clientela debajo de su sombrilla. Ella muy atenta y habladora, accedió a responderme “pero sin tomarme foto”.

“Bueno mijo, yo me levanto tempranito y hago todas las colas necesarias para poder comprar todo lo que puedo aquí y allá, lo revendo y así me hago mi negocito. Aquí siempre nos avisan en qué lugar llegará la harina, la azúcar el aceite….todo. Una se organiza pues… y eso tiene su precio.” contestó la señora.

¡Ah, ok!… Suficiente. “Muchas gracias señora”. Me despedí y me fui, no sin antes percatarme de que a solo diez pasos hay un módulo de la “Guardia Nacional Bolivariana” repleto de guardias concentrados en sus teléfonos inteligentes. Por supuesto, no compré nada. Todo se veía “apetitoso” pero no pensaba ser parte de ese círculo vicioso.

Regresé a casa y ya todo tenía más sentido para mi. Ya entiendo por qué las colas para comprar productos más que indignación o problema, son una “oportunidad” para muchos. Ya entiendo hasta las vergonzosas capta-huellas para comprar. Vivimos rodeados de la trampa, de la ilegalidad. Vivimos rodeados de sobrevivientes dispuestos a lo que sea. Vivimos entre personas que tal vez ignorándolo, son contrabandistas y otras que por desesperación, se convierten en sus cómplices al comprarles la mercancía, mientras un gobierno incapaz sigue jugando al desastre económico y se hace la vista gorda o se inventa medidas irracionales.

Si bien he leído mucho sobre esto antes, no hay mejor cachetada de realidad que el “ver para creer”… y hoy lo vi todo en Petare.

Lo vi y lo creí.

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