Published On: dom, Ago 19th, 2018

The New York Times dedica su portada a la miseria y la hiperinflación en Venezuela

 

EscombrosDeMaduro: La portada del New York Times sobre la miseria en Venezuela

Ahogada por la inflación, Venezuela le quitará cinco ceros a su moneda

Cuando los funcionarios venezolanos tuvieron que enfrentar la enorme inflación que azota a su país —32.714 por ciento hasta el miércoles— decidieron que la solución podría ser cambiarle el color a los billetes y aumentar su denominación. Luego dijeron que les quitarían tres ceros. Y cuando eso no fue suficiente anunciaron que les quitarían dos más.

La noticia dejó a ciudadanos como Yosmar Nowak, la propietaria de una cafetería en Caracas, en un estado de exasperación e incredulidad ante la estrategia implementada por el gobierno para frenar la hiperinflación que incrementó el costo de una taza grande de café al exorbitante precio de 2 millones de bolívares.

“Me imagino que a este paso vamos a tener que hacer lo mismo en diciembre”, dijo Nowak, quien se ha visto obligada a elevar los precios en su cafetería por lo menos cuarenta veces este año.

Quitarle ceros al bolívar —la moneda venezolana cuyo valor se ha desplomado por la inflación— es la base de un conjunto de cambios económicos implementados por el presidente Nicolás Maduro quien intenta mejorar la economía colapsada del país. La crisis económica ha hecho que el Fondo Monetario Internacional compare la situación venezolana con la hiperinflación de Zimbabue y con la que se experimentó en Alemania luego de la Primera Guerra Mundial.

La nueva moneda, que será conocida como el bolívar soberano, entrará en vigencia el 20 de agosto. El mandatario también ha ordenado medidas que su movimiento político, el Partido Socialista Unido de Venezuela, ha repudiado en el pasado: un incremento a los precios de la gasolina para algunos conductores y una modesta relajación en los controles de la moneda que han hecho inaccesibles los dólares para la mayoría de los venezolanos.

No obstante, esos cambios han sido suficientes para convencer a los economistas, que ven desesperación en las medidas recientes y advierten que la nueva moneda es un episodio más de los malos manejos que han destruido la economía venezolana.

“Es un arreglo cosmético lo que está ocurriendo, lo de los ceros”, dijo Steve Hanke, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Johns Hopkins que ha asesorado a otros gobiernos que han experimentado hiperinflación. “No significa nada a menos que cambies la política económica”.

Al eliminar los ceros, Maduro busca resolver lo que los economistas llaman “el problema de la carretilla” —el momento en que la moneda ha perdido tanto valor que es necesario usar una carretilla de dinero para hacer las compras—.

La nueva moneda, que entrará en circulación mientras la anterior comienza a ser retirada del mercado, haría que el precio de esa taza de café en la tienda de Nowak descendiera a la cifra más manejable de 20 bolívares soberanos. Sin embargo, pocos creen que el precio se mantendrá durante mucho tiempo.

“Esperamos un incremento de más del mil por ciento para el salario mínimo y, por supuesto, más inflación”, dijo Nowak. “No abriremos el lunes”.

El problema no está relacionado con los ceros, sino con lo que causa que surjan. El gobierno venezolano depende de las ventas de la compañía petrolera estatal para pagar sus deudas. Sin embargo, décadas de malos manejos hicieron que la producción se desplomara a 1,2 millones de barriles al día en julio —a la par del ritmo mensual de 1947—.

Al enfrentar la escasez, el gobierno le dice al banco central que ordene la impresión de más dinero. Aunque eso sirve para pagar las deudas del gobierno a corto plazo, quienes lo pagan son todas las personas que tienen bolívares, debido a que el exceso de dinero impreso hace que el dinero pierda valor constantemente.

Y pagar las deudas es solo una de las preocupaciones de Maduro.

El 4 de agosto, dos drones explotaron en un desfile militar al cual asistió Maduro, lo que el gobierno calificó como un intento de magnicidio. Y el presidente enfrenta un creciente aislamiento económico después de que fue declarado ganador de una elección para extender su periodo presidencial hasta 2025, una votación ampliamente vista como amañada por los países vecinos.

Este caos ha generado el éxodo de cientos de miles de venezolanos que consideran que la vida cotidiana se ha vuelto imposible en un país donde los supermercados están vacíos y los hospitales sufren escasez de agua, incluso en la capital.

La entrada en circulación de la nueva moneda también ha sido problemática. Al principio, el gobierno dijo que le quitaría tres ceros a los billetes. Sin embargo, el 25 de julio, con la tasa de cambio del dólar en casi 3,5 millones de bolívares en el mercado negro y la continua pérdida del valor de la moneda, el gobierno anunció que mejor eliminaría cinco ceros.

El bolívar ha continuado su devaluación desde esa fecha y ahora el dólar se acerca a los 6 millones de bolívares en el mercado negro. A pesar de que los cambios significan que los precios son menos astronómicos, también crean otro problema para los venezolanos: dividir el inmanejable número 100.000. Los economistas indican que las devaluaciones usualmente suceden en incrementos de decenas, miles o millones para facilitar las cuentas mentales.

“Estoy confundido”, dijo Edwin García, un trabajador de la construcción en Caracas que trató de calcular cuál será su salario.

Muchas tiendas en la capital ahora simplemente ponen los precios en dólares para evitar la confusión. Tampoco está claro qué respalda a la nueva moneda, si es que algo la respalda.

Las divisas problemáticas usualmente se estabilizan cuando el gobierno promete que pueden ser cambiadas por otras más fuertes, como los dólares o los euros. En cambio, Maduro ha dicho que el bolívar soberano será respaldado con el petro, una criptomoneda que su gobierno emitió en febrero. Además dijo que el petro está respaldado por las reservas de petróleo —una afirmación que los economistas consideran problemática, dado que mucha de la producción del crudo está destinada a pagar las deudas con China y Rusia—.

“Estás vinculando una moneda a un activo tóxico que nadie quiere”, dijo Daniel Lansberg-Rodríguez, un columnista político del periódico venezolano El Universal y profesor de la Escuela Kellogg de Administración de la Universidad Northwestern.

El incremento en los precios de las gasolinas propuesto por Maduro también ha sido recibido con escepticismo.

Los venezolanos actualmente pagan una fracción de un centavo para llenar sus tanques —el precio más bajo en el mundo—. Maduro ha prometido continuar el subsidio a los combustibles para aquellos que se inscriban en una tarjeta de identificación del gobierno —el carnet de la patria— y registren sus autos, pero quiere que los venezolanos que no se inscriban comiencen a pagar el precio internacional de la gasolina.

“Eso te permite dirigir el subsidio a quienes están dispuestos a comprar dentro del sistema”, dijo Lansberg-Rodríguez. “Es una apuesta a la lealtad”.

En las estaciones de servicio en Caracas, existen muchas dudas sobre el plan. Alejandro Bolívar, un supervisor de una gasolinera ubicada en El Hatillo, población que se ha convertido en un suburbio de la capital, dijo que nadie del gobierno había ido a cambiar las máquinas a la nueva moneda o a explicar cuándo deberán comenzar a verificar si los compradores poseen las tarjetas de identificación.

Por su parte, el gobierno venezolano afirma que la inflación es causada por la “guerra económica” causada por Estados Unidos y por los empresarios que se oponen al gobierno.

No obstante, los economistas afirman que si Venezuela pretende combatir la hiperinflación, deberá dejar de imprimir dinero.

Hanke, el economista de Johns Hopkins, recuerda una situación similar en Yugoslavia, país al que asesoró en la década de los noventa durante su periodo de hiperinflación. En 1990, el gobierno le quitó cuatro ceros a sus billetes, después otro cero en 1992. En octubre de 1993 le quitó siete ceros, en diciembre, nueve ceros y otros siete ceros al principio de 1994.

Al final, la casa de la moneda de Yugoslavia no pudo mantener el paso —el mismo destino que Hanke calcula que le espera a los billetes del banco de Venezuela—.

Yugoslavia, dijo Hanke, tenía una casa de la moneda de clase mundial. Maduro no tiene ese tipo de instalaciones y debe importar los billetes.

“Es una situación imposible”, dijo Hanke.

Ana Vanessa Herrero colaboró con este reportaje desde Caracas.

Fuente: La Patilla/NYT

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