Publicado el: Lun, Dic 2nd, 2013

Tras la muerte de Pablo Escobar continúa la polemica

A 20 años de la muerte de Pablo Escobar, continúa la polémica en Colombia

Pablo Escobar, de cuya muerte se cumplen este lunes 20 años, fue el mayor narcotraficante de la historia de Colombia y fundador del Cartel de Medellín. Su extraordinaria fama se debe a sus asesinatos, que se calculan entre 5,000 y 10,000, y por crear una cultura “narco” que penetró la sociedad colombiana y sus instituciones y de la que el país aún no se desprende.

Conocido con el apodo de “El Patrón”, en alusión al inmenso poder que tuvo en los años ochenta del siglo XX, cuando la revista Forbes lo catalogó como el hombre más rico del mundo, Pablo Emilio Escobar Gaviria nació el 1 de diciembre de 1949 en Rionegro, en el departamento de Antioquia, al noroeste de Colombia.

Murió un día después de cumplir los 44 años, el 2 de diciembre de 1993, abatido en los tejados de un barrio de Medellín cuando huía de la policía, tras una vida en la que hizo negocios con agentes de la DEA, presidentes como el general panameño Manuel Antonio Noriega, o con Vladimiro Montesinos, quien fuera asesor del ex mandatario peruano Alberto Fujimori.

El capo fue el tercero de siete de hermanos y desde joven se dedicó al hurto de vehículos. En los años sesenta comenzó a traficar con marihuana para luego dar el salto a la cocaína, la que le hizo célebre por sus envíos masivos a Estados Unidos.

Se alió con Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, Carlos Lehder y los hermanos Jorge Luis, Fabio y Juan David Ochoa, quienes se habían enriquecido con el contrabando de licor y la marihuana, para fundar el Cartel de Medellín, una poderosa organización criminal que declaró una guerra feroz al Estado.

Su insaciable sed de poder lo hizo buscar el poder político cuando ya la inmensidad de su riqueza le resultaba estrecha. Fue elegido en 1982 representante suplente a la Cámara, época en la que invirtió parte de sus ganancias del narcotráfico en construir canchas de fútbol en zonas pobres de Medellín e incluso un barrio entero para los habitantes de un basurero.

A quienes visitan el barrio “Pablo Escobar” les recibe un gran mural con el lema “Aquí se respira paz” y una imagen del Niño Jesús de Atocha, al que “El Patrón” adoraba. En ese lugar se sigue venerando al mafioso.

Eran tiempos en los que la prestigiosa revista Semana le llegó a calificarlo como el “Robin Hood Paisa” y Virginia Vallejo, una de las periodistas más populares de Colombia, era su amante oficial.

Y es que su Hacienda Nápoles, una finca de miles de hectáreas, acogía a “la crème de la crème” de la sociedad colombiana: políticos, empresarios y periodistas que, abrumados por el poder, participaban de safaris y tomaban fotos a animales salvajes traídos especialmente desde Africa a la finca de Escobar.

Pero su llegada al Congreso lo puso en la mira gracias a las investigaciones decisivas del diario El Espectador sobre sus actividades ilícitas y la acción del entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla.

“El Patrón” no era dado a perdonar a sus enemigos, menos a convivir con ellos pacíficamente. En 1984 sus sicarios asesinaron a Lara Bonilla y dos años más tarde al director de El Espectador, Guillermo Cano. En 1989 un atentado con 135 kilos de dinamita en el interior de un vehículo destrozó las instalaciones de ese diario.

El Cartel de Medellín emprendió una verdadera guerra contra el Estado cuando el gobierno del presidente Belisario Betancur (1982-1986) decidió extraditar a Estados Unidos y para ello creó el grupo “Los Extraditables”, que llevó la violencia hasta las últimas consecuencias.

Entre el historial terrorista de esos capos está el estallido de una bomba en un avión de Avianca, en pleno vuelo, que transportaba 107 pasajeros.

A esa guerra contra el Estado, que incluyó el asesinato del entonces candidato presidencial Luis Carlos Galán, en 1989, se sumó otra contra sus antiguos aliados en el negocio de las drogas, el Cartel de Cali, y sus estructuras paramilitares. De estos violentos antagonismos nació el grupo “Perseguidos por Pablo Escobar (Pepes)”, que desarrollaron contra “El Patrón” sus secuaces y hasta con sus familiares, una guerra sin piedad.

Fueron años de zozobra, terror y muerte, en un país donde ganar dinero fácil se convirtió en algo habitual.

En 1991, desde la clandestinidad, Escobar llegó a un acuerdo con el entonces presidente, César Gaviria, y aceptó ser internado en una cárcel construida especialmente para él, La Catedral, a cambio de que revocara el tratado de extradición con Estados Unidos.

Su estancia en aquella lujosa cárcel, donde se forjaron crímenes, se dirigía el negocio de la droga y se celebraban suntuosas fiestas, apenas duró un año, ya que “El Patrón” escapó cuando entendió que se iban a tomar medidas por aquellos excesos.

En ese momento empezó la cuenta regresiva del capo, hostigado por el Bloque de Búsqueda, una unidad especial de la Policía. Vivió así, rodeado por sus más fieles sicarios, hasta el 2 de diciembre de 1993, cuando fue localizado y abatido.

Pablo Escobar dejó viuda a Victoria Eugenia Henao y huérfanos a sus hijos Juan Pablo y Manuela, quienes viven en Argentina.

Pero sobre todo dejó un inmenso legado criminal que veinte años después sigue poniendo los pelos de punta a un país entero.
El Nuevo Herald

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