Publicado el: Vie, May 12th, 2017

Trump amenazó al destituido director del FBI para que no hable



El presidente en un tuit: “Será mejor para Comey que no haya grabaciones de nuestras conversaciones antes de que empiece a filtrar a la prensa”. Trump pidió en una cena privada lealtad al director del FBI y este se desmarcó
El ex director del FBI desiste de declarar ante al Senado tras las amenazas de Trump

No hay barreras para Donald Trump. En un nuevo estallido en Twitter, el presidente de EEUU cruzó una de las últimas líneas rojas que le faltaba y amenazó al destituido director del FBI, James Comey, para que no hable: “Será mejor para Comey que no haya grabaciones de nuestras conversaciones antes de que empiece a filtrar a la prensa”, escribió. El mensaje y su inquietante carga de espionaje mostraron el rostro más feroz de Trump y sólo consiguieron engrandecer la sombra de la trama rusa. La crisis crece.

Trump está perdiendo la jugada. La destitución de Comey se ha vuelto en su contra. Desde que lo fulminó el martes, cada paso que da resulta más incendiario que el anterior. Primero atribuyó el despido a un informe de la Fiscalía sobre la conducta irregular del director del FBI al cerrar el caso de los emails de Clinton en julio pasado, luego reconoció que ese escrito no le importaba lo más mínimo y que le hubiese descabezado igual. Pasó entonces a recordar que había preguntado directamente a Comey si estaba siendo investigado y finalmente disparó un tuit destinado a la historia del matonismo.

Fue una erupción inesperada y contraproducente. Nadie en Washington, ni siquiera sus más acérrimos seguidores salieron en su defensa. Pero el tiro buscaba diana. La noche anterior The New York Times había revelado una misteriosa cena privada entre Trump y Comey en la Casa Blanca. Fue el 27 de enero pasado. El presidente apenas llevaba una semana en el cargo. En la reunión, Trump no se anduvo con titubeos. Encaró al director de FBI, principal encargado de la investigación de los supuestos vínculos entre el equipo del mandatario y el Kremlin, y le preguntó si iba a serle leal. ”Seré honesto”, fue la contestación. Una negativa, educada pero firme, que dejaba en el aire la principal exigencia del republicano para sus cargos de confianza: la fidelidad.

La reconstrucción, procedente del entorno de Comey, alarmó a la Casa Blanca. Hasta ese momento, el director del FBI había guardado su silencio. Incluso en su mensaje de despedida a sus subordinados había llamado a la calma: “Siempre he creído que un presidente puede despedir a un director del FBI por cualquier motivo e incluso sin motivo. No voy a perder el tiempo en ello”.

Trump asegura que no tiene vínculos con Rusia. VÍDEO: REUTERS
Esta equidistancia se vino abajo al publicarse la conversación. Podía tratarse de un gesto defensivo de Comey ante los insultos que estaba recibiendo de Trump, que no dudó en llamarle “fanfarrón” y vapulear su mandato. Pero si era una advertencia, la posibilidad de una nueva crisis se disparaba. Comey declara el próximo martes a puerta cerrada ante el Comité de Inteligencia del Senado. Un lugar donde su despido y las presiones presidenciales que pudo recibir serán tratados con detalle.

Sea cual sea la causa, Trump respondió como mejor sabe. Disparando. Amenazando veladamente con hacer públicas grabaciones. Ese es su estilo. Nunca lo ha ocultado. “Si alguien te ataca, le atacas de vuelta diez veces. Así, al menos, te sientes a gusto”, escribió en su best seller El arte del trato.

La máxima le ha llevado a romper todas las barreras de la corrección política y le dio buenos rendimientos como candidato, pero ahora en la Casa Blanca espanta a sus correligionarios. Es ese Trump hosco y brutal que lanza motes contra sus rivales, insulta a vecinos como México o directamente humilla al director del FBI después de despedirle a cajas destempladas y bajo argumentos que ni él mismo respeta.

“Es un error mayúsculo de Trump y su equipo, no lo han podido hacer peor y muestra una vez más su falta de experiencia en el campo político”, explica a este periódico Larry J. Sabato, director del Centro para la Política de la Universidad de Virginia.

La embestida ha sido un fracaso. La crisis abierta por el despido de Comey es la mayor de su mandato. Y la amenaza ha dado nuevos bríos a las sospechas sobre esa oscura madeja de vínculos entre el equipo de Trump y el Kremlin que el FBI está investigando. Un caso en el que aún no hay ningún indicio contra el presidente pero que él mismo, día tras día, tuit tras tuit, no deja de agigantar.

Fuente:elpais.com

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