Publicado el: Vie, Nov 25th, 2016

Trump modera su discurso más extremo en “Thanksgiving”

Casa de Donald Trump en Florida

Casa de Donald Trump en Mar-a-Lago Florida

El magnate pasa Acción de Gracias en su mansión de Florida después de una primera fase de transición en la que ha atemperado sus propuestas más radicales

El presidente electo de EE UU, Donald Trump, hizo un descanso este jueves en la preparación de la transición de poder que lo llevará a la Casa Blanca el próximo 20 de enero. En medio de un fuerte despliegue de seguridad y con los presentadores de televisión despachando de traje en la playa, Trump pasó el Día de Acción de Gracias con su familia en su mansión Mar-a-Lago, en Florida.

El futuro mandatario abrió el día con un mensaje en Twitter anunciando “progresos” en sus conversaciones con la compañía de equipos de aire acondicionado Carrier para evitar que traslade su fábrica de Indiana a México. “Estoy trabajando duro, hasta en Acción de Gracias, para que Carrier se quede en Estados Unidos”, escribió. Un mensaje en línea con el discurso proteccionista que mantuvo en campaña, a diferencia de otras tesis que ha ido templando.

Por el momento, desde su victoria en las urnas el 8 de noviembre, Trump ha moderado varias ideas que lanzó como señas de identidad política en su carrera al Despacho Oval. Tres días después de la noche electoral, al día siguiente de reunirse con el presidente saliente Barack Obama, afirmó que estaba abierto a aprobar una versión “modificada” de la ley de acceso a la sanidad conocida como Obamacare, que en sus mítines había calificado de “desastre total” y que dijo que reemplazaría por otra “mucho mejor y mucho menos costosa”.

De Obama, a quien llegó a llamar “fundador del Estado Islámico”, opinó tras su encuentro que le había parecido “un hombre muy bueno” y esta semana afirmó a The New York Times que espera tener una “relación larga y provechosa” con él.

La construcción de un muro en la frontera con México para evitar la inmigración ilegal, o refuerzo del ya existente, fue una de sus proclamas. Pero no lo mencionó el lunes en un mensaje de vídeo sobre sus prioridades presidenciales ni en la entrevista con el diario. “Voy a construir un muro y haré que México lo pague”, repetía en campaña, además de llamar “violadores” a los sin papeles. “Estoy convencido de que necesitamos una reforma migratoria”, dijo al Times. Si bien ha dejado a un lado el símbolo del muro, tras ganar las elecciones Trump ha anunciado que prevé deportar a dos o hasta tres millones de indocumentados.

Tampoco ha vuelto a hablar de la posibilidad de prohibir temporalmente la entrada de musulmanes a Estados Unidos. “Cuando sea elegido suspenderé la inmigración de zonas del mundo con una historia demostrada de terrorismo (…) hasta que entendamos cómo acabar con estas amenazas”, dijo en 2015 después del atentado contra una discoteca en Orlando. Incluso flirteó con la idea de una base de datos sobre musulmanes –“es algo en lo que deberíamos empezar a pensar”, apuntó a Fox News–, una postura inconcreta que el portavoz de su equipo de transición despejó hace unos días: “El presidente electo nunca ha defendido ningún tipo de sistema para rastrear individuos por su religión”.

Lo que eliminó por completo ante el Times fue su promesa de nombrar un fiscal para investigar los correos electrónicos enviados por Hillary Clinton cuando era Secretaria de Estado. “No quiero hacer daño a los Clinton. Ella ya ha sufrido de muchas formas diferentes”, comentó. En un debate con su rival demócrata, Trump le dijo a Clinton que si él fuera presidente ella estaría “entre rejas”.

La defensa del ahogamiento simulado fue una de sus mayores bravatas. “Me gusta mucho. No creo que sea suficientemente duro”, dijo en un mitin. En su entrevista con The New York Times no rechazó el método de tortura pero le restó relevancia aludiendo a una charla reciente con el general retirado James Mattis, que podría ser su Secretario de Defensa. “Me dijo: ‘Nunca pensé que fuera útil’. Dame un par de cervezas y un paquete de cigarrillos y puedo conseguir más”.

Trump también ha contenido sus críticas a la teoría del cambio climático. “Es un asunto que voy a seguir de cerca. Tengo la mente abierta y seremos cuidadosos al respecto”, dijo al diario, aunque añadió un toque escéptico al decir que “el día más caluroso de la historia había sido en 1890 o algo así”. En campaña se mostró dispuesto a cancelar la participación de Estados Unidos en el Acuerdo de París contra el calentamiento global, que ya en 2012 había descrito como “un invento de los chinos para que la industria de Estados Unidos no sea competitiva”.

Su decisión de mayor continuidad con la vertiente más extrema de su campaña ha sido nombrar consejero a Steve Bannon, un agitador mediático próximo a corrientes racistas y antisemitas. En la entrevista con The New York Times repudió los lemas nazis gritados en un acto supremacista en Washington.

Pero el vector que ha mantenido con más consecuencia es la oposición a los tratados comerciales firmados por Estados Unidos. En el vídeo del lunes aseguró que en sus primeros 100 días retirará a su país del Acuerdo Trans-Pacífico, del que dijo en campaña que era “un golpe mortal a las fábricas americanas”.

El presidente electo pasará este fin de semana en su mansión. Se prevé que este viernes reanude las sesiones con su equipo de transición y anuncie el nombramiento como Secretario de Desarrollo y Vivienda de Ben Carson, un neurocirujano que compitió por ser el candidato republicano y fue vituperado por Trump, que ahora dice de él: “Es un hombre talentoso que ama a la gente”.

elpais.com

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