Publicado el: Dom, Jun 4th, 2017

Trump quiere ser rival y no aliado de Europa


Debilitar para vencer a la Unión Europea, la apuesta nacionalista de Trump
El primer presidente de Estados Unidos antieuropeo ve al tradicional aliado como a un rival

Cuando el 23 de junio de 2016 los británicos decidieron apoyar el Brexit y dar la espalda al proyecto europeo, Donald Trump vio respaldada su iniciativa proteccionista en el mejor momento. En el arranque de la campaña presidencial en Estados Unidos, la ola populista y de ruptura del orden establecido no paraba de crecer. En plena euforia, el primer candidato antiestablishment de la historia reciente norteamericana pronosticó que otros países seguirían la estela del Reino Unido. A su entender, estábamos asistiendo al proceso de desintegración de la Unión Europea.

Puede que Trump confundiera entonces el deseo con la realidad, pero, cuatro meses y medio después de llegar a la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos da un giro a la historia deshilachando poco a poco los principales lazos trasatlánticos. Pura continuidad de lo que se proponía en campaña. Primero fue el puñetazo en la mesa de la OTAN, cuyo sentido actual cuestionó, antes de exigir a los aliados que cumplieran con su obligación de aportar el 2% de su PIB al gasto militar. El carpetazo a las negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la UE se produciría de manera casi natural. La salida del Acuerdo del Clima de París ratifica ahora el alejamiento de Trump de cualquier colaboración multinacional.

Aplica el mismo criterio en política que en la culminación de un buen negocio: debilitar y dividir, para después vencerDetrás de su aspiración antieuropea, que desafía décadas de una alianza y fiel colaboración surgida del statu quo tras la II Guerra Mundial, siempre han estado presentes la estrategia y la ideología. El presidente llegado al Despacho Oval para «digirir el país como una empresa», aplica el mismo criterio en política que en la culminación de un buen negocio: debilitar y dividir, para después vencer. De forma que Trump se ha planteado desde el principio sustituir los grandes pactos transnacionales en los que participa Estados Unidos por acuerdos bilaterales, con el objetivo de rebañar el mayor beneficio a cada uno de ellos. Le faltó tiempo para planteárselo a la primera ministra británica Theresa May, una vez que Londres inició la desconexión europea. Y le ofreció después a la canciller Angela Merkel que Estados Unidos y Alemania buscaran su propio entendimiento político y comercial al margen del proyecto europeo. Casi una provocación que sitúa a Trump a años luz de la líder germana, como confirmó la última reunión del G-7 en Sicilia, pese a que la Casa Blanca ensalzara la «increíble relación» entre ambos mandatarios.
El presidente de Estados Unidos se apoya en una convicción que martillea una y otra vez. Para Trump, «todos los demás países se aprovechan de Estados Unidos». Un punto de partida victimista que le permite prometer a continuación que «no va a volver a ocurrir». Refuerzo de su imagen, de su proyecto de mejorar la «cuenta de resultados» del país y de un mensaje que le permite apuntalar al votante fiel, el que confió en su proyecto paternalista de que las empresas norteamericanas invirtieran en Estados Unidos y de que los sectores industriales más castigados recuperarían su esplendor.

Resucita el neonacionalismo
El credo nacionalista que aupó a Trump al poder fue forjado en los meses previos a la campaña presidencial por el considerado padre intelectual del trumpismo, Stephen Bannon. El extremista que experimentó en el laboratorio del diario digital Breitbart News, alimentando un neonacionalismo estadounidense y respaldando las opciones populistas europeas que podían contribuir a poner patas arriba el orden establecido, desde la francesa Marine Le Pen hasta el holandés Geert Wilders, acaba de llevarse su primera gran victoria dentro de la Casa Blanca. Tras un periodo de arrinconamiento, la decisión de Trump de abandonar el Acuerdo de París resucita un discurso que parecía arrinconado por unos primeros meses de realismo político.

Fuente:ABC

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