Publicado el: Dom, Sep 13th, 2015

Trump: Una espina en el zapato de los republicanos

El ‘Verano de Trump’, una espina en el Partido Republicano
Un esfuerzo concertado esfuerzo para mejorar la pobre deleznable reputación del Partido Republicano entre los votantes hispanos ha chocado –como tantas otras cosas en las campañas de este verano– con Donald Trump, cuyas declaraciones incendiarias han atraído la atención general y provocado a otros aspirantes a la candidatura presidencial a asumir una línea más dura.

Un esfuerzo concertado para mejorar la pobre reputación del Partido Republicano entre los votantes hispanos ha chocado –como tantas otras cosas en las campañas de este verano– con Donald Trump, cuyas declaraciones incendiarias han atraído la atención general y provocado a otros aspirantes a la candidatura presidencial a asumir una línea más dura.

Los líderes republicanos y sus aliados sienten un temor creciente al daño causado por esa retórica, que incluye el tema de los “bebés ancla”, construir muros en las fronteras con México y Canadá, rastrear a los inmigrantes como si fueran paquetes de FedEx, y el plan de deportación en masa de Trump.

Algunas encuestas recientes sugieren que Trump se está haciendo daño a sí mismo, no al partido en general. Pero su celebridad y su aparente poder de mantenerse en campaña hace más difícil el ya espinoso proyecto de rehabilitación del Partido Republicano.

Un súper PAC que respalda a Hillary Clinton ya está pagando anuncios digitales en español en Florida, Colorado y Nevada que mezclan la inflamatoria retórica de Trump con la de otros candidatos, como preludio a algo que se hará más visible a medida que las elecciones entran en calor.

“Hay una vieja teoría de que hay que asumir posiciones extremas durante las primarias y luego desplazarse hacia el centro para las elecciones generales. Eso ya no funciona. Los latinos están prestando atención”, dijo Alfonso Aguilar, director ejecutivo de Latino Partnership en el Proyecto de Principios Americanos (American Principles Project), de tendencia conservadora.

“La retórica en estos momentos es enloquecidamente autodestructiva”, dijo Russell Moore, presidente de la Comisión de Ética y Libertad Religiosa de la Convención Bautista Sureña (Southern Baptist Convention Ethics & Religious Liberty Commission). “Incluso si uno no tiene idea de lo que es la moral, uno debe tener una idea de lo que es el interés propio y la composición demográfica”.

Los republicanos se han quedado cortos en las dos últimas elecciones presidenciales, a medida que el porcentaje de los blancos en la votación disminuye y va surgiendo un electorado más diverso. Mitt Romney atrajo apenas el 27 por ciento del voto hispano en el 2012, menos del 31 por ciento que John McCain recibió en el 2008 y el 44 por ciento que George W. Bush consiguió en el 2004.

La gravedad de la situación se puede resumir en una cifra asombrosa: 50,000. Esa es la cantidad de jóvenes hispanos que se hacen elegibles para votar cada mes.

Había un plan

Después de las elecciones del 2012, el Comité Nacional Republicano llevó a cabo una exhaustiva revisión interna que se centró en la tecnología y los cambios demográficos. Un informe llamado Proyecto de Crecimiento y Oportunidad (Growth & Opportunity Project) urgió a usar un tono más respetuoso. “No importa lo que digamos sobre la educación, los empleos o la economía; si los hispanos piensan que no los queremos aquí, cerrarán sus oidos a nuestras medidas”, decía.

El partido ha invertido en un plan de acercamiento a los hispanos en estados tales como Colorado, Florida, Nevada, Carolina del Norte y Virginia. Y a pesar de los tropiezos –entre ellos el derrumbe de la reforma de inmigración en el Congreso en el 2013 debido a la oposición de los republicanos de la Cámara de Representantes– existía una expectativa de que las cosas mejorarían en el 2016.

Y entonces… llegó Trump.

El multimillonario neoyorquino entró a las primarias en junio con un discurso en que atacaba a los narcotraficantes y “violadores” mexicanos. No solo no se ha echado atrás, sino que llama a la deportación de más de 11 millones de residentes indocumentados y a construir un enorme muro a lo largo de la frontera sur. Recientemente, Trump criticó al ex gobernador de la Florida Jeb Bush, cuya esposa es mexicana, por hablar español en público.

“El único muro que Trump va a tener éxito en construir es un muro entre el Partido Republicano y la Casa Blanca” dijo Bettina Inclán, estratega republicana de la Florida que participó en el plan de acercamiento a los hispanos del Partido Republicano Nacional.

“El está realmente destruyendo años de trabajo duro”, dijo ella.

Las primarias del partido republicano, con 17 candidatos, hubiera incluido posiciones más duras sobre el tema sin Trump. Pero la habladera habitual sobre reforzar la seguridad en la frontera ha sido reemplazada por posiciones más agresivas.

El gobernador Scott Walker de Wisconsin sugirió recientemente que valía la pena explorar la posibilidad de construir un muro en la frontera con Canadá. Luego se echó atrás, diciendo que no era más que una idea que alguien le había propuesto en Nueva Hampshire.

El gobernador Chris Christie de Nueva Jersey dijo hace poco que los inmigrantes que entran con visas deberían ser rastreados como si fueran paquetes de FedEx para asegurar que se vayan cuando se les cumpla el tiempo reglamentario.

El gobernador Bobby Jindal de Louisiana hizo un llamado a terminar con la ciudadanía por derecho de nacimiento, y declaró que “inmigración sin asimilación es invasión”.

La influencia de Florida

Bush tiene uno de los acercamientos más moderados a la inmigración, conjuntamente con el senador de Florida Marco Rubio.

El ex gobernador de la Florida ha empezado a enfatizar la seguridad de las fronteras por encima de otras de sus propuestas sobre inmigración, la cual él afirma que es importante para la economía. Pero incluso Bush se ha visto lastrado por Trump.

Enfrentó días de escrutinio por usar el término “bebés ancla”, que Trump fuera el primero en usar para exigir el fin de la ciudadanía por derecho de nacimiento.

Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, se negó a usar semejante lenguaje. “Esos son seres humanos. Y, en última instancia, no son sólo estadísticas. Son personas. Son seres humanos con historias propias”, dijo en una entrevista con CNBC.

Pero Rubio habla menos de temas de inmigración que Bush, pues todavía se siente criticado por los conservadores por haber ayudado a escribir la legislación migratoria del Senado en el 2013.

Si él o Bush ganan la nominación, ambos tienen potencial de hacer progreso entre los hispanos.

“Un candidato como Jeb Bush no sólo habla el idioma, sino también la cultura”, dijo Jorge L. Arrizurieta, quien ha apoyado a Bush por mucho tiempo en Miami. “Las cosas de Trump son increíblemente vergonzosas, increíblemente irresponsables y poco realistas, pero creo que todavía hay tiempo de arreglar eso”.

Arrizurieta dijo que el presidente del Partido Republicano Nacional, Reince Priebus, pudo haber expresado su rechazo a los comentarios de Trump de una manera más pública. “Hubo una enorme oportunidad, cuando todo empezó, de enviar el mensaje de que somos el partido de Abraham Lincoln y de la inclusión”.

Otras personas cercanas a Bush se disgustaron al ver que Priebus hizo recientemente una visita personal a Trump. El juramento de lealtad del Partido Republicano que Trump firmó con bombo y platillo, según afirman ellos, lo validó de hecho como republicano en un momento en que Bush estaba tratando de poner al descubierto sus lazos con los demócratas.

En junio, Priebus dijo que las palabras de Trump “no ayudaban”, pero añadió: “Nosotros no escogemos quién se postula y quién no”.

Clinton, la principal aspirante a la nominación demócrata, ha tratado de explotar la confusión, cortejando agresivamente a los hispanos y a otros grupos minoritarios. “El partido de Lincoln se ha convertido en el partido de Trump”, dijo ella en una reunión demócrata a fines de agosto. Ella ha prometido ir más lejos que el presidente Barack Obama con respecto al tema.

Trump ha atraído a una base de votantes principalmente blanca y cansada de la política; una “mayoría silente”, según palabras del candidato, evocando un término que se usaba en el pasado. Algunos estrategas republicanos consideran que ese electorado blanco y desafecto es la ruta a la victoria. Pero es imposible ignorar los obstáculos demográficos a largo plazo.

Como votantes, los hispanos han mostrado un desempeño inferior (12.5 millones de hispanos votaron en el 2012, de 23.7 millones de votantes elegibles), pero ellos representan el 40 por ciento del crecimiento de votantes elegibles en Estados Unidos hasta el 2030, en que alcanzarán los 40 millones, según el Centro Hispano Pew.

La población hispana de la Florida –que los republicanos deben ganar sin falta para llegar a la Casa Blanca– está asimismo creciendo con más rapidez que la población general, aumentando de un 17 por ciento en el 2000 a un 24 por ciento en la actualidad. Obama ganó el 60 por ciento del voto hispano en el 2012, por encima del 57 por ciento que obtuvo en el 2008. Eso incluyó un creciente apoyo de parte de los cubanoamericanos más jóvenes cuyos padres son leales republicanos anticomunistas.

Las cifras de los sondeos

El RNC se negó a hacer comentarios para esta historia. Pero el partido está recibiendo algún confort de encuestas que muestran que las declaraciones de Trump podrían no afectar a otros candidatos. Una encuesta hecha para Univisión mostró una desaprobación abrumadora entre los hispanos de los comentarios de Trump. Y 6 de cada 10 hispanos encuestados dijeron que esos comentarios representaban las opiniones de Trump más que las del partido republicano en general.

Sondeos más recientes de Gallup mostraron que Trump tenía ratings de aprobación de menos 51, mientras que Bush tenía más 11 y Rubio más 5. Pero en enfrentamientos hipotéticos ambos floridanos pierden en estos momentos frente a Clinton, quien disfruta de un fuerte apoyo entre los hispanos.

Los candidatos tienen razones para jugar al duro, según muestran las encuestas en los estados de nominación temprana como Iowa y Nueva Hampshire. En Iowa, 53 por ciento de los probables asistentes a las asambleas republicanas y 56 por ciento de los probables votantes de las primarias del partido republicano en Nueva Hampshire dijeron que tenían menos probabilidades de apoyar a un candidato que esté a favor de un camino a la ciudadanía para inmigrantes indocumentados.

Toda una variedad de otros sondeos han mostrado que el respaldo aumenta cuando se dice a los votantes que ese camino –o estatus legal, que es por lo que Bush aboga– viene unido a multas y otras penalidades. Pero ese mensaje se ha visto sofocado en el Verano de Trump.

“Tenemos que traer de vuelta a este país. Necesitamos fronteras. Necesitamos fortaleza”, dijo Trump a la prensa el miércoles mientras esperaba para hacer su intervención en una protesta en contra de Irán frente al Capitolio federal. Estaba restando importancia a críticas de Ben Carson, quien ha subido en las encuestas, de que el plan de inmigración de Trump era excesivamente costoso y poco razonable.

“Suena muy bonito, ¿sí?: ‘Juntémonos a todos y enviémoslos de vuelta’”, dijo Carson el martes. “La gente que dice que no tiene idea de qué representaría en eso con respecto a nuestro sistema legal, los costos… olvídate. Además, ¿a dónde los vamos a enviar? Es un doble problema”.

Al preguntársele sobre las preocupaciones de si él estaba afectando al Partido Republicano entre los hispanos, Trump señaló un sondeo, que está en disputa, el cual lo muestra a la cabeza de los candidatos entre los hispanos en Nevada. Alegó además que cuenta con un gran apoyo entre los afroamericanos.

La protesta se mantuvo centrada en su tema, pero el atractivo de Trump con respecto al tema de inmigración era evidente.

“Eso está en contra de la ley. Es un tema sencillo, en realidad: eso está mal”, dijo Elaine Scott, de 70 años, quien acudió a Washington desde Houston.

“Si no creen que hay un problema de inmigración”, añadió su amiga Marian Manchack, de 73 años, “vayan a Texas. Ellos no paran de venir”.

El Nuevo Herald

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