Publicado el: Lun, Mar 31st, 2014

Una bala en el camino, un disparo a la democracia

-No encontró un mundo mejor, sino una bala en la cabeza de los parapoliciales del régimen venezolano
– Bassil Alejandro Da Costa Frías, tenía 24 años, era universitario, fanático del Deportivo Táchira

 

Por: Pilar Rahola Martínez*
Escribía en su Facebook, el día antes de ir a la manifestación: “Bueno, señores, este que está aquí sale a marchar mañana sin miedo de nada, con la esperanza de encontrar un mundo mejor”. Pero no encontró un mundo mejor, sino una bala en la cabeza de los parapoliciales del régimen venezolano, que dispararon contra los estudiantes opositores. Las imágenes del tiroteo donde encontró la muerte han dado la vuelta al mundo. Se llamaba Bassil Alejandro Da Costa Frías, tenía 24 años, era universitario, fanático del Deportivo Táchira, amante del reggae y entusiasta del surf. Cuando cayó tiroteado, su amigo Roberto Redman lo auxilió, pero él mismo murió por otra bala, un rato después. Bassil y Roberto fueron tres de las personas que murieron en el último enfrentamiento entre la oposición y el régimen, cuyo saldo suma también más de sesenta heridos y centenares de detenidos en redadas masivas.

Como era de esperar, el régimen no ha declarado ningún día de duelo, ni ha exhibido su colorista retórica para llorar a los caídos, ni ha frenado los diccionarios de la demagogia. Sin pudor, ni piedad, y consecuente con la retórica barriobajera bolivariana, Maduro ha

asegurado que todo era un “golpe de Estado fascista”, ha ordenado la detención de Leopoldo López, el líder opositor, al grito de “el fascista debe ir preso”, y ha convocado para hoy una gran manifestación de apoyo al régimen, cuyo pomposo titular -“Por la paz y contra el fascismo”- es todo un clásico de la desvergüenza chavista. Para rematar la escalada verbal, Maduro ha asegurado en televisión, en locución obligada en todos los canales, que querían hacer con Venezuela lo mismo que con Ucrania (sic), y ha culpado a los perversos yanquis de la conspiración planetaria: “Son las organizaciones estadounidenses que viven de su política imperialista de penetrar, controlar el mundo”, y se ha quedado tan fresco. Es decir, a pesar de la protesta recurrente, la revuelta estudiantil cada día más masiva, la fatiga crónica de los sectores más dinámicos de la sociedad venezolana, el destrozo de la clase media y la corrupción generalizada, sumado a los detenidos, los heridos y los muertos, nada cambia desde que el chavismo llegó al poder: demagogia pseudorrevolucionaria, populismo exacerbado, dominio absoluto de los medios de comunicación, terror económico y represión generalizada. Y todo en nombre del pueblo, esa especie de concepto magmático e indefinido que tanto gustan de usar y abusar los autarcas y los dictadores. Maduro, el hombre al que Chávez le envía pajaritos para hablarle, es peor que su mentor, porque es igual de demagogo, igual de represor, pero es mucho más mediocre, lo cual siempre va a peor. Acabo con Bolívar, cuyo nombre usa el régimen de manera soez: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”. Hoy, esa frase podría estar dedicada a Venezuela.

La Vanguardia

* Doctora en Filología Hispánica y también en Filología Catalana.Directora de la Editorial catalana Pòrtic, Directora de la Fundación Acta, para la difusión del pensamiento y el debate. Vice-alcaldesa de la ciudad de Barcelona

 

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