Published On: sáb, Nov 24th, 2012
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Una decisión con consecuencias futuras

Fernando Facchin B.
ffacchinb@gmail.com

“Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás” .W. Faulkner
El reto de Carabobo está en asumir el 16D una decisión con consecuencias futuras, buenas o de mucha gravedad. A veces uno piensa que es fácil ponernos de acuerdo hacia dónde dirigir el rumbo. Pero no, cada día se hace más difícil el acuerdo. Los carabobeños tenemos la capacidad política de llevar nuevamente al Capitolio a “El Pollo”, con fuerza social y política, con gente que quiere que tengamos un futuro mejor que el de caer en las garras chavistas, lamentablemente las absurdas contradicciones humanas pretenden enrarecer las elecciones del 16D.
Carabobo no quiere un gobierno militarista, entendiendo éste como la actividad que va más allá de los límites de lo militar, la supremacía unilateral sobre la institucionalidad civil. Con la ocupación militarista de las gobernaciones se quiere instaurar un grupo funcional de militares sumisos al presidente y no afectos a las regiones, ni a la democracia. Tras 14 años de una deriva hacia el desastre, nos topamos con la peculiar y lamentable idiosincrasia de algunos personajes que quieren entregar el estado a ese desastre. Una elección errónea, puede significar la ruina para Carabobo, especialmente en momentos en que sabemos que el próximo sexenio será el más drástico y dramático en la historia política del país.
Requerimos sindéresis política, tesón y pragmatismo para sobreponernos a circunstancias difíciles y superar los impulsos puramente emocionales, los resentimientos y odios, para evitar otra experiencia militarista como la ya sufrida con un militar, paracaidista político, sumiso a un capataz e inexperto en políticas públicas
Los criterios para votar rojo están muy alejados de los conceptos de excelencia, mérito, esfuerzo y principios sólidos; sólo dependen de afinidades personales, carencia de espíritu crítico, conducta oportunista o flexibilidad para cambiar de criterio por bajas pasiones. El silencio ante al abuso y la indigna adulación, se consideran también méritos para ganarse la confianza de unos candidatos que sustituyen el debate de ideas por el reparto de favores y peroles.
No podemos permitir que venza el militarismo. Los carabobeños rechazamos las candidaturas con sentido militarista/totalitario. Ahora más que nunca en las candidaturas cobran importancia los actos, la trayectoria personal y profesional del candidato, los cuales deben ser expuestos abiertamente al escrutinio público.
Debemos ser reacios a votar para gobernador por alguna persona que nunca haya desempeñado una función de responsabilidad en el mundo de las políticas públicas. Al fin y al cabo, las cualidades de los candidatos se infieren mucho mejor de sus actos y su pasado, que de unas vacías siglas o unos aprendidos y entrenados discursos empalagosos.

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