Publicado el: Jue, Abr 30th, 2015

Vladimir Putin se lanza a la conquista de Centroamérica: Nicaragua le abre sus puertas

Por: Ismael López Confidencial de Nicaragua

El 28 de octubre de 2013 fue detenido en el Aeropuerto Internacional de El Salvador el narcotraficante nicaragüense Claudio Reynaldo Corea Mendoza, conocido como el “Guachinango”, un pescador que, según las autoridades, hizo su fortuna transportando drogas para el cártel de Sinaloa desde Costa Rica hasta la frontera de Guatemala con México.

Corea Mendoza era buscado por las autoridades nicaragüenses desde el 2011, cuando la Policía desarticuló una banda que usaba lanchas de pesca para transportar droga. Cuando fue capturado, la Policía de Nicaragua y el jefe antidrogas de Rusia, Víctor Ivanov, aseguraron que su captura había sido posible gracias a las labores de inteligencia rusas.

Sin embargo, según un investigador policial salvadoreño que participó en la captura, la información de que Corea Mendoza viajaba en un vuelo procedente de Costa Rica rumbo a Guatemala haciendo escala en El Salvador, les fue proporcionada por Interpol Nicaragua. El narcotraficante, hoy condenado en Nicaragua a 30 años por delitos relacionados con el crimen organizado, fue deportado inmediatamente a Nicaragua tras su captura en El Salvador.

“Nosotros en particular no (recibimos información de inteligencia de Rusia). Nicaragua, probablemente (la recibió). Es quizá información que tuve por los medios de comunicación que la Federación Rusa intervino y la DEA, pero con autoridades nicaragüenses. Lo que nosotros obtuvimos fue información de Nicaragua”, reveló un alto investigador de Interpol de El Salvador que viajó hasta Nicaragua a entregar a Corea Mendoza. “Ahora que con ellos haya trabajado la agencia rusa y la DEA es probable. Pero la información de la DEA y la Federación Rusa se canalizó a Interpol (Nicaragua), me imagino. E Interpol, nos la hizo llegar a nosotros”, agregó.

Corea Mendoza fue deportado a Nicaragua en un vuelo comercial de Avianca. “Allá ya lo estaba esperando el dispositivo, incluso los señores de la DEA, el del Ejército, el escuadrón especial de la Policía. Fue algo como que fuera un Presidente que estuvieran esperando”, dijo el oficial, que fue uno de los tres investigadores de Interpol que viajaron hasta Managua a entregar al reo.

La captura del “Guachinango”, fue reivindicada por el jefe de antidrogas ruso Victor Ivanov, en una declaración a la televisión de su país, como un éxito rotundo de sus labores de colaboración en Nicaragua. No obstante, las evidencias son contradictorias y aún persiste la duda sobre fue cuál fue el alcance de la incidencia de la inteligencia rusa en esta operación.

El episodio ocurrido hace casi dos años revela los nuevos signos de los tiempos: la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y la fuerza naval norteamericana, ya no representan el único actor internacional que interviene en la lucha contra el narcotráfico en la región, pero tampoco está suficientemente documentado cuál es el peso real de los rusos, su principal competencia.

Durante cinco meses Confidencial solicitó una entrevista al agente antidrogas ruso en Nicaragua, que tiene su oficina en la embajada de su país en Managua, así como al Ejército y la Policía nacional, para contrastar la distintas versiones, pero se rehusaron a brindarnos su visión de los hechos.

Los rusos en Nicaragua

El 11 de julio de 2014 un Boeing aterrizó en el aeropuerto internacional de Managua transportando a un ilustre invitado: el presidente de Rusia, Vladimir Putin. La visita no estaba en la agenda oficial. Putin regresaba de Cuba después de reunirse con los hermanos Castro, e hizo una escala técnica de cuatro horas en Nicaragua previo a una gira a Argentina y luego a Brasil, a la reunión de los países del llamado bloque de los BRICS.

En Managua su socio, el presidente Daniel Ortega lo recibió con altos honores, escoltado por su esposa, la poderosa primera dama Rosario Murillo, el jefe del Ejército, general Julio César Avilés, y la jefa de la Policía, primera comisionada Aminta Granera.

La visita del mandatario ruso se manejó como un secreto, con una calculada resonancia política. La prensa independiente, ajena a los medios que maneja el gobierno y la familia presidencial, apenas tuvo acceso a cortos videos y a fotografías de los mandatarios reunidos en la sala de protocolo del aeropuerto.

Ambos mandatarios, según reportó la prensa oficial, firmaron importantes convenios. “Es una visita histórica, es un rayo, un relámpago, primera vez que un presidente ruso visita Nicaragua y estamos muy contentos de tenerlo en nuestra tierra, que es su tierra”, dijo en aquella ocasión Ortega. Putin, por su parte, remarcó que Nicaragua era “un socio muy importante de Rusia”.

Desde que Ortega volvió al poder en 2007, las relaciones con Rusia se han fortalecido después de haber estado frías durante 17 años. Putin, un ex agente de la temible policía secreta soviética, la KGB, es el más alto funcionario ruso que ha visitado Nicaragua. Antes lo hizo en dos ocasiones (2015 y 2014) su canciller Serguéi Lavrov, su ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, y el jefe antidroga de la Federación rusa, el coronel Víctor Ivanov, un veterano de la lucha antidrogas en Afganistán, que por lo menos desde 2013 visita Nicaragua dos veces por año.

Además del ingreso de más de 130 soldados rusos —junto a lanchas y embarcaciones— que acompañan a soldados del Ejército en patrullajes en el Caribe y el Pacífico, Rusia está construyendo un centro de capacitación antidroga en Managua para adiestrar a fuerzas policiales y militares de Centroamérica y el Caribe. Actualmente están en el sexto curso. Se desconoce cuál es el pensum de esos cursos.

“La presencia de la oficina antidrogas (de Rusia) no tiene una lógica para golpear el narcotráfico, pero sí entra en la lógica de una expansión estratégica. Da a la Federación Rusa la manera de estar en tierra, conocer y entrenar oficiales de la región, crear clientes para sus armamentos, helicópteros, aviones, y acceder a puntos estratégicamente importantes en la región”, asegura Douglas Farah, consultor internacional en temas de seguridad.

“No cabe duda –continúa Farah– que Rusia no es el país indicado para la lucha contra la cocaína, porque no tiene ninguna experiencia en ese tipo de lucha que es apta para la región, su experiencia es Afganistán, montañas y heroína. Pero como apertura estratégica, tiene su lógica para ellos la presencia en Centroamérica”.

De lo que no existe ninguna duda, es que Nicaragua ha sido la puerta de entrada de los rusos para tener acceso y solidificar su presencia en Centroamérica.

El apoyo antidrogas ruso

Un video muestra a oficiales rusos patrullando las aguas del Caribe con militares nicaragüenses. Es un simulacro grabado para la televisión rusa, que muestra a los militares persiguiendo a una lancha con presuntos narcotraficantes. Los oficiales portan y disparan resplandecientes fusiles AK-47, hasta que logran someter a los “infractores”. “Creo que al mirar estas imágenes, los narcotraficantes se quedarán pensativos de lo que hacen”, dijo el coronel ruso del Servicio Federal de Control de Drogas, Vadim Barkánov.

En el video no se precisa cuántos oficiales rusos habían participado en la maniobra de ensayo, pero sí recalcó y enfocó mediante dos planos, uno abierto y otro cerrado, a dos buques rusos que fueron parte de la misma operación.

Desde el 2013, la Asamblea Nacional ha aprobado, a solicitud del presidente Daniel Ortega, tres decretos para permitir el ingreso de más de 130 oficiales rusos –cada seis meses– a territorio nicaragüense. El primer decreto fue el 7348, aprobado por los diputados el 26 de noviembre del 2013, con el que se autorizó el ingreso para los primeros seis meses de 2014 de militares de Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, República Dominicana y Rusia.

Los que más destacan por la cantidad son los oficiales rusos. Los diputados nicaragüenses aprobaron el ingreso de más de 130 oficiales. Los primeros especificados en el decreto fueron 30, junto a naves y aeronaves (no se especifica cantidad), “para participar en ejercicios de adiestramiento e intercambio de operaciones de ayuda humanitaria”.

Se permite el ingreso “de forma rotativa de 50 efectivos militares, naves y aeronaves de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia para participar con el comando de Operaciones Especiales del Ejército de Nicaragua en intercambio de experiencias y ejercicio de adiestramiento en operaciones de ayuda humanitaria”, especifica el acápite siete del decreto.

En el numeral ocho se especifica que 35 militares rusos ingresarían a Nicaragua, siempre junto a sus naves y aeronaves, para participar con la Fuerza Naval en labores de enfrentamiento y lucha contra el crimen organizado.

Hay otro acápite del decreto que no menciona la cantidad de oficiales rusos. “Se permitirá el ingreso a territorio nacional de efectivos militares, naves y aeronaves de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia, con el fin de llevar a cabo intercambio de experiencias, adiestramiento, operaciones en contra de ilícitos en espacios marítimos delimitados por la Corte Internacional de Justicia en el mar Caribe, y aguas jurisdiccionales en el Océano Pacífico”, especifica.

En aquél decreto se autorizó, en total, el ingreso de 130 soldados rusos. Sin contar los que patrullarían junto al Ejército las aguas devueltas por la Haya a Nicaragua en 2012.

La misma tónica del primero, tuvieron los otros decretos. El 33-2014 y el 47-2014, autorizaron siempre el ingreso de más de 130 oficiales rusos cada seis meses. No se especificó cuántos serían para patrullar las aguas en el Caribe y en el Pacífico.

El patrullaje de las fuerzas rusas en aguas nicaragüenses ha pasado desapercibido, aunque Rusia ha demostrado siempre un interés especial en remarcar su presencia. El jefe antidroga de Rusia, Víctor Ivanoch dijo a la televisión de su país que durante 2013 lograron golpear al crimen organizado. “En dos grandes operaciones conjuntas con Policías y miembros del Ejército, logramos detener a más de 40 combatientes del Cártel de Sinaloa y también detuvimos a uno de los grandes del narcotráfico Sánchez Flores, y más tarde inhabilitamos a otro gran capo, (Claudio Reinaldo) Mendoza, alias Guachinango”, resaltó, aludiendo al caso de mayor visibilidad cuya paternidad sigue en disputa.

En el 2013, la Fuerza Naval del Ejército incautó casi 174 kilos de cocaína. “En el desarrollo de estas operaciones destaca la cooperación del Servicio Federal de Control de Droga de la Federación de Rusia, coordinando una operación contra el narcotráfico en aguas jurisdiccionales, incautando 116 kilogramos de cocaína, una lancha rápida y 2 motores fuera de borda”, detalló el Ejército de Nicaragua en su Memoria Anual 2014, que recoge las labores de la institución durante el 2013.

Con la colaboración de Suchit Chávez y Oscar García

Este reportaje fue realizado en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center for Journalists (ICFJ), en alianza con CONNECTAS.

EL NUEVO HERALD

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